17 de septiembre de 2007
De Zapatero al cielo

Venía a decir en mi anterior columna que los presentadores de los telediarios están sobrados de nacionalismo, que su trabajo, más que en informar, parece que consista en alabar sin causa las supuestas hazañas de nuestros deportistas, que qué cojonudos que son, oe, oe.

Y resulta que algo similar se puede decir de los políticos. Ahí tenemos el caso de nuestro presidente del Gobierno, ese tal José Luis Rodríguez Zapatero que, al menos que yo sepa, no presenta noticias deportivas pero sabe lo importante que es el deporte (es decir, del fútbol) en nuestra sociedad, que de lo contrario no mostraría tanto atrevimiento para hablar de economía utilizando símiles futbolísticos.

Recordemos sus palabras: "La economía española ha entrado en esta legislatura en la Champions League de la economía mundial. España es la que más partidos gana, la que más goles marca y la menos goleada".

La primera vez que le escuché llegué a pensar que nuestro presidente deliraba, o que cuando menos deliraba yo, que me había inventado de su boca una afirmación totalmente inverosímil, atribuíble a un seleccionador cualquiera, como ese que todos sabemos, pero nunca a un presidente del Gobierno. Sin embargo, después de lavarme la cara, abrir la ventana para que entrara el aire y tomarme una aspirina, tratando de recuperar el sentido común, volví a encender la tele y a encontrarme con la misma demagogia. El loco no era yo.

"España, pichichi de la Champion", le faltó decir, que ya puestos podía haberse estirado un poco más.

¿Cómo es posible que nuestro presidente se haya atrevido a tanto? A ciencia cierta no lo sé, pero supongo que o nos toma por tontos a una gran mayoría de españoles o que él también lo es.

Su optimismo económico se contradice, desde luego, con mi cartilla y con las declaraciones mucho más conservadoras de nuestro ministro de Economía, Pedro Solbes, que se supone que es el que más sabe de economía, porque si no que le hubieran nombrado ministro de Medio Ambiente o de otra cosa, vamos. Aunque, bueno, a fin de cuentas los ministros siempre saben menos de lo que ganan. Probablemente hasta tendrían que pagar por lo que hacen. O por lo que no hacen, que viene a ser lo mismo.

Pero el caso es que Zapatero tiene de su parte hasta todas esas estadísticas del IPC que salen cada mes y que, la verdad, últimamente no hay quien se las crea, aparte de nuestro presidente, claro, que será muchas cosas pero desconfiado no. Y mucho menos del viento que corre a su favor. En cambio yo, que puedo pecar de muchas cosas pero no de ingenuidad, no consigo creerme eso de que el incremento de precios interanual (ellos lo llaman variación, pero curiosamente es una variación que siempre va hacia arriba) se haya limitado a un 2,2 por ciento, que por otra parte tampoco es que sea moco de pavo. Aunque reconozco que si entre las referencias de los estadistas se encuentra el precio del café del Congreso, hasta nos están engordando un poco las cifras, para disimular. Porque en el Congreso seguro que una caña lleva valiendo ochenta céntimos de euro desde años a. Y con empanadilla de regalo.

El mundo se nos ha puesto tan del revés que resulta que Rajoy, que es quien en teoría representa a la derecha, le recuerda a ZP, nuestro hombre de izquierdas, que hay muchos españoles que tienen serias dificultades para llegar a fin de mes, que la vivienda y el pan sigue subiendo y que las hipotecas y los hijos también. Si se nos pone tan social probablemente sea para llevarle la contraria a ZP, pero bendita sea su conciencia social de todas formas.

En fin. Que las elecciones están a la vuelta de la esquina y todos quieren vender la moto como sea, aunque la moto en cuestión no tenga ruedas y sus conductores carezcan de permiso de circulación. Que ya no es que España vaya bien, como decía Aznar, sino que va requetebién. Somos los campeones de la Champions League y de Zapatero al cielo.

Que viva España, o, mejor, el Estado Español, que así de paso nos ganamos el favor de catalanes, vascos, gallegos y andaluces, con lo que les necesitamos. No queda otra que volver a votar al PSOE en las próximas elecciones para seguir en la senda del progreso y repetir nuestros éxitos en la Champion League. Eso si es que hemos ganado la Champion alguna vez, claro, porque me da que a ser que no. Pero qué bonito es soñar.


Gorka Díez
Periodista