| Era jueves. Jueves por la noche, para más
señas. Los días de entre semana se acababan y no tenía
ninguna idea para mi columna. Encima había padecido una jornada
de trabajo agotadora, como tantas otras, y no tenía ninguna
gana de escribir. Y menos de pensar, acto que considero indispensable
antes de escribir una columna.
Opté por poner la radio y me senté a escuchar en
el sofá. Estaba en antena el nuevo programa de Santiago
Alcanda, ‘Tresfusión’, todas las noches
de lunes a viernes en Radio 3. Todavía no me he hecho del
todo a él (mi programa favorito en los últimos años
ha sido el de Julio Ruiz, pero su traslado a los
días de entre semana me hace imposible seguir escuchándolo),
aunque poco a poco me va convenciendo por más que peque de
un tipo de música demasiado americana y cantautoril. A fin
de cuentas a mí también me gusta esa música.
Aquel jueves estaba programada una tertulia con varios periodistas
que iban a poner algunas de sus canciones favoritas en antena. Le
llegó el turno a Javier Torentino, presentador
del programa de cine ‘El séptimo vicio’, que
recordó un tema de la banda sonora de ‘Ascensor para
el cadalso’, la ópera prima de Louis Malle,
interpretado por Miles Davis. Precioso. Pero después
se atrevió con un álbum que se había traído
de del Festival Internacional de Cine de San Sebastián. Era
un disco de txalaparta, un instrumento vasco que se toca con unas
tablas y unos palos, o algo así, que tampoco estoy muy al
tanto de ello.
Y el caso es que, nada más escuchar aquel sonido, el resto
de invitados a la tertulia echaron a reír. “¿Y
eso vende?”, preguntó un periodista de cierto diario
nacional de prestigio, que es crítico musical y músico
(al menos ha grabado algún que otro álbum).
A mí nunca me ha gustado la txalaparta, la verdad, no me
dice nada, pero me indignaron aquellas risas contra un instrumento
tradicional en una radio pública que se emite para toda España.
El tal risa floja podía haberse reservado para otro tipo
de actos, comportamientos o actitudes que, al menos para mí,
sí que son dignos de risa, como ese vídeo de las Juventudes
Socialistas que, con razón, tanta polémica ha generado.
Para mí, no hace que nos riamos de los chicos de las Nuevas
Generaciones, sino de quienes han planificado tan estúpido
ataque: su acto, aunque a Zapatero le haya gustado, es de tan mal
gusto y superficialidad que sólo produce vergüenza ajena
y miedo ante el futuro que se nos puede avecinar como estos jóvenes
de hoy en día lleguen al poder.
No sabemos todavía si la firma Lacoste les denunciará,
pero yo por lo que me atañe (tengo un par de nikis de Lacoste)
les exijo que rectifiquen, que a ver por qué se tienen que
meter con mis vestimentas los listillos estos.
En fin. Algún día a lo mejor me planteo eso de escribir
una columna sin pensar con anterioridad, que así seguro que
me pongo al día de esta ola de estupidez que se está
propagando por todo el país. Eso sí, estar a la altura
será complicado, con lo alto que se ha puesto el listón.
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