5 de noviembre de 2007
Cuenca

A menudo se habla de Cuenca como una ciudad de segunda, o de tercera, donde la vida transcurre al margen de todo lo demás, o simplemente no transcurre, anclada en siglos pasados que el resto de España hace tiempo dejó atrás. O eso se cree.

A lo mejor es el sonido que produce la palabra al pronunciarla, o a lo mejor es otra cosa que no alcanzo al comprender, pero el caso es que decir Cuenca, y ya ni te digo “me voy a Cuenca’, o “he estado unos días en Cuenca”, genera carcajadas por doquier.

La otra noche volvió a ocurrir en ‘La madriguera’, el nuevo programa de Diego A. Manrique que se emite en RNE. El invitado era Manu Chao, y cuando el periodista le preguntó al ex Mano Negra cómo entró la rumba en su música éste contestó que de sus viajes a España, en concreto a Cuenca, donde se abasteció de cintas de gasolinera de esas de Los Chunguitos, Los Chichos y demás.

Y, claro, fue decir eso de “yo he estado en Cuenca” que las risas empezaron a brotar de los espectadores que habían acudido a presenciar la grabación de la entrevista en el bar ‘La boca del Lobo’.

Y ahí no paró todo, porque cuando, un poco más tarde, Manu interpretó el conocido ‘Por qué te vas’, de José Luis Perales, Manrique señaló: “Ahora entendemos lo de Cuenca, porque el autor de esa canción es José Luis Perales, que vive en Cuenca”.

Pero me pregunto si aquel comentario venía a cuento. Y es que, ¿por qué hay que justificar que Manu Chao pasara un tiempo de su vida en Cuenca ? ¿Acaso se le piden cuentas por sus viajes a Latinoamérica o por su estancia de ahora en Barcelona? ¿No le puede gustar la ciudad de las Casas Colgadas y punto?. Por si fuera poco, Manrique se equivocó, porque Perales es de Cuenca, sí, pero hace tiempo que no vive en Cuenca, sino en Madrid. O sea, que es vecino suyo.

Supongo que todas esas risas a costa de esta ciudad Patrimonio de la Humanidad se deben al desconocimiento, a los prejuicios de ciertos tipos a los que falta mucho por madurar y por viajar. Porque Cuenca, a fin de cuentas, es una ciudad con vida, tanto como cualquier otra que ronda los 60.000 habitantes, y con un Casco Antiguo irrepetible que ya quisiera para sí cualquier ciudad del mundo.

Y además es un lugar que siempre ha ido de la mano de la cultura: en su día acogió a Antonio Saura, a Fernando Zóbel y a ese gran maestro de columnistas que fue César González Ruano, y en ella han nacido artistas como Gustavo Torner o José María Cruz Novillo.

Cuenca posee además bellos museos como el de Arte Abstracto o la Fundación Antonio Pérez y ha sido escenario de varias películas, como el primer filme que rodó Carlos Saura, ‘Cuenca’, del que el próximo año se cumplirán cincuenta años, o la clásica ‘Calle mayor’, de Juan Antonio Bardem.

De festivales tampoco anda corta la ciudad, ya que desde hace más de cincuenta años se celebra una Semana Internacional de Música Religiosa de gran prestigio y desde el pasado año está en marcha una Semana Internacional de Cine bajo el título de ‘Mujeres en Dirección’ que cuenta con un proyecto muy ambicioso que lidera la actriz de madre conquense Marta Belaustegui.

Y esta ciudad tiene otras muchas más virtudes, como la de no estar aislada del resto de la humanidad, como parecen creer algunos, sino a un paso de los montes de la Serranía, a uno y medio de La Mancha y a dos horas, según se tome una u otra dirección, de dos de las ciudades con más movimiento de España, Madrid y Valencia.

José Luis Coll, otro de los interesantes artistas que ha dado esta tierra, siempre que podía aprovechaba para hablar bien de su ciudad natal, le dejaran o no, pero como su profesión era la del humor parece ser que la gente también se tomaba a broma los piropos que le echaba a esta ciudad. Y así nos va.

Suponemos que hay cosas que son inevitables, que no se pueden cambiar así como así los prejuicios de toda esa gente que seguirá mostrando una imbecilidad supina cuando oiga la palabra Cuenca. Pero allá ellos si no conocen la ciudad, que son los que se la pierden. Por mí casi mejor que ni se pasen por aquí, que luego esto se masifica y pierde encanto. Pero que vayan a reírse de su puta madre, si quieren, y que a nosotros nos dejen en paz.


Gorka Díez
Periodista