| A menudo se habla de Cuenca como una ciudad de
segunda, o de tercera, donde la vida transcurre al margen de todo
lo demás, o simplemente no transcurre, anclada en siglos
pasados que el resto de España hace tiempo dejó atrás.
O eso se cree.
A lo mejor es el sonido que produce la palabra al pronunciarla,
o a lo mejor es otra cosa que no alcanzo al comprender, pero el
caso es que decir Cuenca, y ya ni te digo “me voy a Cuenca’,
o “he estado unos días en Cuenca”, genera carcajadas
por doquier.
La otra noche volvió a ocurrir en ‘La madriguera’,
el nuevo programa de Diego A. Manrique que se emite
en RNE. El invitado era Manu Chao, y cuando el
periodista le preguntó al ex Mano Negra cómo entró
la rumba en su música éste contestó que de
sus viajes a España, en concreto a Cuenca, donde se abasteció
de cintas de gasolinera de esas de Los Chunguitos, Los Chichos
y demás.
Y, claro, fue decir eso de “yo he estado en Cuenca”
que las risas empezaron a brotar de los espectadores que habían
acudido a presenciar la grabación de la entrevista en el
bar ‘La boca del Lobo’.
Y ahí no paró todo, porque cuando, un poco más
tarde, Manu interpretó el conocido ‘Por qué
te vas’, de José Luis Perales, Manrique
señaló: “Ahora entendemos lo de Cuenca, porque
el autor de esa canción es José Luis Perales, que
vive en Cuenca”.
Pero me pregunto si aquel comentario venía a cuento. Y es
que, ¿por qué hay que justificar que Manu Chao pasara
un tiempo de su vida en Cuenca ? ¿Acaso se le piden cuentas
por sus viajes a Latinoamérica o por su estancia de ahora
en Barcelona? ¿No le puede gustar la ciudad de las Casas
Colgadas y punto?. Por si fuera poco, Manrique se equivocó,
porque Perales es de Cuenca, sí, pero hace tiempo que no
vive en Cuenca, sino en Madrid. O sea, que es vecino suyo.
Supongo que todas esas risas a costa de esta ciudad Patrimonio
de la Humanidad se deben al desconocimiento, a los prejuicios de
ciertos tipos a los que falta mucho por madurar y por viajar. Porque
Cuenca, a fin de cuentas, es una ciudad con vida, tanto como cualquier
otra que ronda los 60.000 habitantes, y con un Casco Antiguo irrepetible
que ya quisiera para sí cualquier ciudad del mundo.
Y además es un lugar que siempre ha ido de la mano de la
cultura: en su día acogió a Antonio Saura,
a Fernando Zóbel y a ese gran maestro de
columnistas que fue César González Ruano,
y en ella han nacido artistas como Gustavo Torner o
José María Cruz Novillo.
Cuenca posee además bellos museos como el de Arte Abstracto
o la Fundación Antonio Pérez y ha sido escenario de
varias películas, como el primer filme que rodó Carlos
Saura, ‘Cuenca’, del que el próximo
año se cumplirán cincuenta años, o la clásica
‘Calle mayor’, de Juan Antonio Bardem.
De festivales tampoco anda corta la ciudad, ya que desde hace más
de cincuenta años se celebra una Semana Internacional de
Música Religiosa de gran prestigio y desde el pasado año
está en marcha una Semana Internacional de Cine bajo el título
de ‘Mujeres en Dirección’ que cuenta con un proyecto
muy ambicioso que lidera la actriz de madre conquense Marta
Belaustegui.
Y esta ciudad tiene otras muchas más virtudes, como la de
no estar aislada del resto de la humanidad, como parecen creer algunos,
sino a un paso de los montes de la Serranía, a uno y medio
de La Mancha y a dos horas, según se tome una u otra dirección,
de dos de las ciudades con más movimiento de España,
Madrid y Valencia.
José Luis Coll, otro de los interesantes
artistas que ha dado esta tierra, siempre que podía aprovechaba
para hablar bien de su ciudad natal, le dejaran o no, pero como
su profesión era la del humor parece ser que la gente también
se tomaba a broma los piropos que le echaba a esta ciudad. Y así
nos va.
Suponemos que hay cosas que son inevitables, que no se pueden cambiar
así como así los prejuicios de toda esa gente que
seguirá mostrando una imbecilidad supina cuando oiga la palabra
Cuenca. Pero allá ellos si no conocen la ciudad, que son
los que se la pierden. Por mí casi mejor que ni se pasen
por aquí, que luego esto se masifica y pierde encanto. Pero
que vayan a reírse de su puta madre, si quieren, y que a
nosotros nos dejen en paz.
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