12 de noviembre de 2007
España

“Hay un enorme error por parte de los medios de comunicación en pensar que la gente no está preparada y no quiere escuchar música buena, sofisticada, compleja, sino que quiere música simple, mala, comercial, machacona. Los medios han creado ese prejuicio y luego la gente no va a ciertos conciertos porque les han convencido de que eso no es para ellos. Sin embargo, la música buena le gusta a toda la gente: niños, jubilados, gente del pueblo, de ciudad, de izquierdas, de derechas...”.

Esta opinión del pianista de jazz Joshua Edelman da en el clavo de la ignorante España en que vivimos, más pendiente de lo que vende a corto plazo que de lo que hace cosquillas en el sentimiento, de lo que es pan para hoy que de evitar el hambre de mañana.

Porque lo mismo que ocurre con la música, sucede con todo lo demás. Hemos llegado a un punto en el que uno se avergüenza hasta de encender la radio o la televisión sabiendo de antemano lo que se va a encontrar: guerras resumidas en quince segundos, descalificaciones interminables por parte de los políticos de turno, fútbol, intromisiones ilegítimas en la vida de nuestros famosos, frivolidad, vacío y un poco más de fútbol.

Sorprende, la verdad, que la libertad de expresión se use casi exclusivamente para ofrecer a la audiencia unos contenidos que no van más allá de la vulgaridad, del insulto facilón, de la pornografía de palabra y de la crispación. Pero el caso es que el público responde a toda esta bazofia, así que no queda otra que reconocer que nos dan lo que merecemos.

Hay excepciones, claro está, pero la basura es lo que sigue primando en esta España cateta de la que, para colmo, quienes reniegan de ella no lo hacen por la bajeza cultural del país, sino por ese egocentrismo de creerse parte de una nación diferente, que por supuesto es la mejor de todas. Brillante imbecilidad cuando en todas las teles, ya sean nacionales o autonómicas, públicas o privadas, se programa la misma mierda.

Ahora nos dicen que hay que ponerle letra el himno, como si de esta manera nos fuéramos a poder sentir más orgullosos de nuestra patria. No sé, a mi primero que me quiten del poder a unos cuantos políticos, que retiren ciertos programas de televisión, que dejen de darle tanta bola al fútbol y que le den un mayor impulso al a cultura. Que mejoren los contenidos, vamos, y luego si quieren ya hablamos de mejorar la fachada.

Pero mucho me temo que no nos queda otra que cambiarnos de país o tomar una pandereta en nuestras manos y sumarnos al carro de la imbecilidad general encantados de habernos conocido. O eso o pedir a Dios un nuevo diluvio universal para ver si de las cenizas puede resurgir una España nueva. Pero hasta en ese caso volveríamos a las andadas, que es adonde siempre hemos vuelto después de cada guerra civil, de cada transición, de cada atentado terrorista, de cada proceso electoral. Claro que a lo mejor es que nos gusta vivir así. En fin. Sigamos pues.


Gorka Díez
Periodista