| Mis amigos me dicen que estoy desfasado. No entienden
cómo puedo seguir a estas alturas con un móvil que
no hace fotografías (ni siquiera tiene conexión a
internet) y que el próximo año vaya a celebrar el
décimo aniversario de mi Windows 98. Tampoco comprenden que
siga almacenando mis textos en un disquete, que no sepa muy bien
qué es eso del mp3, que apenas vea la tele y que siga prefiriendo
el bar de la esquina a las luces de discoteca a ritmo de house de
la modernidad.
“Es que no es fácil asimilar los cambios en un mundo
donde todo va tan rápido”, me justifico ante ellos.
Pero, aunque parezca mentira, me estoy modernizando en algunas
cosas. Por ejemplo, ya apenas me compro CD´s en las tiendas:
prefiero acudir a dichos establecimientos, confeccionar una lista
con aquellos discos que más me gustan y después descargármelos
a través del Emule. Me sale gratis y la verdad es que no
está el horno para bollos.
El ADSL del ordenador de mi primo se presta a este tipo de descargas
musicales y el otro día, haciendo cuentas, comprobé
que por los cinco discos que me había bajado de internet
me había ahorrado nada menos que ochenta euros, que es dinero.
El problema está en que lo que ahora no me gasto en discos
se me va en libros, en ropa o en comida. Y todo está por
las nubes. El otro día por medio conejo tuve que pagar casi
seis euros. Y casi tres por unas pocas lonchas de queso para sandwich.
Lo único bueno es que los consumidores son conscientes de
estas subidas y ya apenas hay que hacer cola en los supermercados.
Me dice una amiga mía que, para que todos estuviéramos
felices y contentos, lo del Emule debería trasladarse al
resto de productos de consumo. Y no estaría mal, la verdad,
conectarse a internet y poder descargarse la última novela
de Millás, unos Levis 501, un conejo o unas
lonchas de queso. Y todo gratuitamente.
Habrá quien me acuse de defender la piratería, ya
lo sé, pero a mí lo que me parece de piratas es que
me cobren seis euros por un par de trocitos de conejo. No sé.
Supongo que será cierto eso de que en España tenemos
un gran nivel de vida y tal y cual, pero de aquí a un tiempo
me dá que vamos a tener que limitarnos a comer pasta y arroz,
como los africanos. Y eso si nos llegar para pasta y arroz. Que
como esto siga subiendo no nos va a quedar más remedio que
adelgazar, pero no porque queramos ponernos a régimen sino
por cojones. Qué país.
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