7 de enero de 2008
Sabina

Un año más, vinieron con regalos
Gaspar, Melchor, el negro Baltasar,
el noble carbonero de los vascos
y el Papa rojo de la Navidad.

Me desperté, nervioso, como el niño
que no aprendió a crecer, que si recibe
algo ha de ser carbón, pero hallé libros
y discos en mi par de mocasines:

‘A vuelta de correo’ y esa boca
que sigue siento tuya, y el directo
junto al sinpar Serrat y, ¡carambola!,
una agenda anual con tu careto.

Le dí dos besos a mis cuatro hermanas
y un plante a mis colegas, me quedé
toda la Navidad leyendo en casa
tus versos, y olvidome de comer.

Y volví a confirmar que don Quevedo
en ti se reencarnó, que eres un hacha
del polvo y la canción, que nunca en hueso
pinchaste, sino al fondo de las almas.

Y disfruté a la grupa de tus versos
de poeta de la vida al abordaje
que sabe más de golfo que de viejo,
que hace cuando escribe malabares.

Porque tu magia al corazón me llega
y me anima a escribir estas rimillas
de saldo, sabedor que de poeta
no tengo más que mucha mala vida

y amigos tuyos a quienes admiro:
González, Savater, García Montero,
Caballero Bonald, Aute, Ana, Silvio
Rodríguez, Pablo, Krahe, José Hierro.

Sabina, pajarraco del sentido
poético del mundo, despilfarro
de luces que calientan la amistad.

Que siga tu maestría, los adictos
a la imaginación necesitamos
de tu talento insomne de juglar

para no suicidarnos los domingos
ni fiestas de guardar, para enfrentarnos
con menos medio a tanta soledad.


Gorka Díez
Periodista