| No creo que Zapatero sea el mejor
presidente posible para España. Estoy seguro de que hay unas
cuantas personas mucho mejor preparadas para llevar las riendas
de nuestro destino. Que tiene que haber ciudadanos menos inocentes,
ingenuos y pardillos que la persona que ha gobernando en los últimos
cuatro años este país, o lo que sea ésto. Gente
que no estaría dispuesta, por ejemplo, a acabar con ETA a
través de la negociación, obviando la historia de
los últimos años, que nos ha demostrado una y otra
vez que dialogar con quien prefiere la muerte al pensamiento es
tan utópico como pretender cazar pingüinos en Benidorm.
Pero, vamos, después de leer la primera de las entrevistas
que Pedro J. Ramírez publicó en ‘El
Mundo’, creo que es bastante probable que vuelva a darle mi
confianza en las urnas. Porque, pese a sus desaciertos, reconozco
que Zapatero nos ha hecho progresar y ha aplicado medidas dignas
de elogio, como retirar las tropas de Iraq, ampliar los derechos
de los ciudadanos y gobernar con honestidad, diálogo y educación.
Yo, que soy periodista, he estudiado en una Facultad y llevo unos
cuantos años en esta profesión, considero que lo que
ha hecho Pedro J. Ramírez con nuestro presidente para su
periódico no ha sido entrevistarle, sino acorralarle, abusar
de su poder de director de un medio de comunicación, creerse
Dios. Y es que una cosa es formular unas cuantas preguntas que le
pongan al entrevistado contra la pared, cosa que con los políticos
hay que hacer, y otra atacar a carne viva con formulaciones realizadas
por encima hombro y a mala leche, con el ceño fruncido, con
malicia, con prepotencia, con todo eso que en la Facultad me enseñaron
que no se debe hacer en el periodismo.
La entrevista es muy extensa, y no la voy a reproducir aquí,
pero por ejemplo sí que quiero reseñar que, al abordar
el asunto del diálogo con ETA, Rajoy, quiero decir Ramírez,
formula, entre otras, las siguientes preguntas: “O sea, que
usted negoció con ETA por si acaso salía bien”;
“¿Qué falló entonces? ¿Qué
pasó, señor presidente?”; “¿Y usted
no era consciente previamente de eso?”; “Lo que no tiene
precedentes es un pronóstico tan equivocado como el que usted
hizo la víspera del atentado de la T-4. Ya ha reconocido
que fue un error, pero ¿por qué lo cometió?”;
“¿Tenía entonces información equivocada?
¿La analizó mal?”; “¿Era tanta
la pasión que estaba poniendo en el empeño que ya
no tenía capacidad de analizar las cosas con frialdad?”;
“¿Cómo se entiende entonces que después
de que usted adquiere conciencia de la verdadera naturaleza de esos
individuos, continuaran los contactos?”; “¿Y
no sintió en ese momento ningún escrúpulo moral
al autorizar que siguieran los contactos con quienes acababan de
matar, rompiendo sus propias reglas de tregua?”...
Y también me llama la atención cómo, al abordar
el tema de las relaciones Gobierno-Iglesia, el director de ‘El
Mundo’ le pregunta a Zapatero que por qué le gusta
tanto pelearse por la Iglesia Católica, una pregunta con
la que afirma más que cuestiona, y que da a entender que
aprobar el matrimonio entre homosexuales no tiene como fin aumentar
la libertad de las personas, sino joder a la iglesia. En fin.
Puede que ‘El Mundo’ ande muy bien de contenidos culturales,
que en eso es mi periódico predilecto, pero su director parece
más un afiliado al Partido Popular con ánimo de revancha,
con odio, que un periodista. Y a mí desde luego que su entrevista
no me va a convencer de que lo mejor para España es el cambio,
sino todo lo contrario: me devuelve todas las razones que había
perdido para votar a Zapatero.
Porque, como ya he dicho, a fin de cuentas no lo ha hecho tan mal.
Y aunque ha tenido errores, errar, como se dice, es de humanos,
y esos fallos que ha tenido lo que nos confirman es que Zapatero
lo es. Como todos nosotros, vamos, aunque algunos se consideren
a sí mismos por encima del bien y del mal y se autoproclamen
salvadores de la humanidad. Qué miedo que me dan.
Me temo que como haya un cambio en las tornas del Gobierno lo que
nos espera puede ser infernal. Que nos van a dar, y bien, a todos
los que creemos en la libertad individual, en que no todo es blanco
o negro, en que hay distintas formas de ver las cosas.
Ojalá que este leonés que, por encima de sus aciertos
y sus fallos, sus éxitos y sus fracasos, su inteligencia
y su tozudez, me parece un hombre honrado, bueno, siga gobernando
este país. Que más vale lo regular conocido que lo
malísimo por conocer. Que estoy seguro de que el remedio
acabará siendo mucho peor que una enfermedad que tampoco
es para tanto.
Por cierto, a Pedro J., con todo eso de la macro-entrevista a
Zapatero, el domingo 13 de enero se le olvidó informar en
portada de la muerte del poeta Ángel González en portada.
En fin. Supongo que son cosas que pasan cuando uno no ve más
allá de sí mismo.
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| Pequeño homenaje
a Ángel González
En este instante
(domingo por la tarde)
largo y huerfanito,
me pongo a releer algunos versos
tuyos, ya leídos tantas veces,
con la finalidad de que tu muerte
parezca menos muerte.
“Los muertos son egoístas:
hacen llorar y no les importa
quedarse quietos en los lugares
más inconvenientes”,
dijiste tú en aquel poema
que suele visitarme algunas tardes
(“no todas tienen pulpa comestible”).
Pero la vida no es una poesía
y nos dejaste huérfanos de arte
en una fría cama de hospital
anciano y joven, profesor, travieso
que esconde cigarrillos en la almohada.
Fatídica y doliente madrugada
en que regresé a casa “sorteando
imprevisibles gatos y farolas”,
borracho, mientras tú te nos morías,
“vieja noche de copa” hecha resaca.
Aunque no hay cucarachas en mi casa
y Cuenca no es Madrid, voy a ponerme
un tango, y bailaré por esas noches
que tu pasión bailó. Y, con sombrero,
le cantaré rancheras a la muerte.
No te nos mueras más aunque estés muerto,
no te vayas del todo, te queremos
aquí o en Albuquerque recitando
a la luz de la luna tu poesía.
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