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Es atrevida, sexy, ambigua, peligrosa, sin pelos en la lengua ni
en el lápiz de labios con que escribe en los retretes de
su indiscreto submundo interior esas letras a medio camino entre
el Almodóvar de la movida y el clasicismo de un Javier Krahe
con barbas de pensador que lo mismo riman "alegría"
con "sangría" que "felpudo" con "cojonudo".
En su primer y único disco hasta la fecha, ‘Se rompe
o se raja' (2006), la música de cabaret de cuatro de la madrugada
se mezcla con el aliento a pop, hip-hop y verbena de pueblo, y el
resultado es algo personal, gracioso, independiente y juguetón
como esas gatas a las que hay que ponerles cascabel porque cuando
menos te lo esperas se te suben por los tejados o a las barbas,
y lo mismo te hacen cosquillas que te dejan echándolas de
menos.
Canta en primera persona unas canciones por las que le gusta pasear
con chicos recién salidos de la cárcel o de la fábrica,
que viene a ser lo mismo. A veces se deja llevar en la parte de
atrás de la moto, pero otras se decide a tomar la iniciativa
y trasviste a sus amantes hasta convertirlos en mujercitas a la
medida de las necesidades del cuerpo o la imaginación.
En alguna que otra canción se nos muestra algo más
mansa, en busca de su integración en el mundo ("yo también
quiero ser guay, un mediocre de mierda", nos canta), pero al
siguiente corte vuelve a cambiar de tercio y a reivindicar su orgullo
de niña de barrio desheradada, harta de cuentos chinos, a
izar la bandera de la mierda profunda o a confesarnos que su sueño
es ser una pony girl sumisa, complaciente y esclava que convertirá
tus deseos en la carne más suculenta de la charcutería
de la pasión.
En el apartado de improperios, tampoco faltan las burlas, siempre
irónicas, a los funcionarios, que ellos se lo buscan por
vivir tan bien, y a los hombres que cojean de la pierna de la que
no se puede cojear. Y en el turno de alagos ahí están
los guiños al Atleti, ese equipo del que hay que ser cuando
te gusta el fútbol y, cuando no te gusta, también.
Una de sus canciones más destacadas es no obstante una rareza
que no aparece en el disco donde, en primera persona, canta lo lastimosa
que era su vida, siempre sola, hasta que se decidió a matar
a sus padres y se quedó con la casa. “He decidido que
no pondré el culo / antes de tiempo / ni me bajaré
las bragas / en invierno, que hace frío”, nos dice
a partir a partir de entonces y en vísperas de un final en
el que anima a las oyentes femeninas a seguir sus pasos y liberarse
de sus ataduras matándo a su novio, que mejor solas que aburridamente
acompañadas.
Una vez la ví en un concierto en San Sebastián y,
por su imagen sobre el escenario, vestida de cabaretera, con medias
de rejas, zapatos de tacón de aguja, guantes de látex
y todo un derroche de ojos y labios pintados, me pareció
una chica, o una mujer, que lo arriesga a todo a una noche, a una
canción, a un polvo con estrellas o bajo esa luna a la que
tanto aúlla cuando canta.
Hay chicas que son la viva imagen del peligro y a las que eso
les hace irresentibles. Tal es el caso de Vanexxa, que nos atrae
aun sabiendo que, si pasáramos la noche a su lado, en cualquier
momento podría sacarnos la guillotina y poner precio a nuestra
cabeza o nuestro pene.
Yo, que nunca fui de piedra, y además soy un gallina, me
reconozco no obstante entre esos hombres dispuestos a subir agarrado
de su mano las escaleras que llevan al camerino de circo y rockandrollstar
donde descansa, o se cansa más, después de los conciertos,
para dejar caer mi cuerpo junto al suyo sobre una cama para dos
o para cuantos se presenten, que nunca se sabe, mientras las horas
pasan inadvertidas para los de afuera.
De momento no ha habido más historias de amor que las imaginadas,
pero qué placer poder amarla aunque sólo sea a través
del 'youtube' o del MP3. Me sobra con que ella conserve esas provocativas
maneras de posar para lo público como si hubiera hecho un
pacto con la serpiente de la manzana y se quisiera comer de un bocado
todos los pecados, que siempre son pocos y casi todos merecen la
pena. Que la vida son cuatro días y hay que disfrutar con
lo que sea. Las canciones de Vanexxa ayudan, desde luego, a ello,
así que escúchenla y disfruten. Pero no se me enamoren
demasiado, que yo la ví primero.
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