11 de febrero de 2008
El debate
 

Supongo que habré visto un debate distinto al de ciertos ‘opinadores’ de la cosa política española. Porque desde luego que para mí el presidente ganó de largo el primer debate de cara a las elecciones del 9-M, aunque sólo sea por eso de que en el país de los ciegos el tuerto es el rey. Y no sólo ganó de goleada él, sino que también lo hicieron los principios, la ética, la dignidad, la civilización, el diálogo, la humanidad, la coherencia, la honestidad, la fe en el ser humano y en una patria, España, que debería estar muy por encima de quien la gobierne o desgobierne pero que me temo que correría el riesgo de desintegrarse si fuera liderada por la charlatanería, la demagogia, la crispación, la falta de respeto, la incultura, la frustración, la maldad, el afán de revancha, la xenofobia y la impotencia de Rajoy.

Así que no entiendo cómo pueden decir por ahí que ese señor de mirada desorientada y barba ridícula le puso a Zapatero contra las cuerdas en varias ocasiones, cuando para mí lo único que hizo fue repetir los lugares comunes que lleva repitiendo durante toda la legislatura, que está visto que para él cuatro años no han sido suficientes.

Como era de prever, volvió a caer en miles de actitudes indignas, como cuando se atrevió a menospreciar a las personas que perdieron familiares en la guerra civil descalificando esa Ley de la Memoria Histórica que según sus palabras “no interesa a nadie”. O cuando acusó a ZP de haber agredido a las víctimas del terrorismo: puede que sea lícito pensar que en algún momento no tuvo con ellas la consideración que se merecen, pero de ahí al ataque hay un buen trecho. Lo mismo que de la tensión en vísperas de unas elecciones a una crispación que durante cuatro años nos ha intentado sacar de quicio a todos, y de hecho lo ha conseguido, que si no cómo se explica que cada vez que escriba del PP lo haga cabreado.

A ZP, sus adversarios le achacaron haber recurrido con demasiada insistencia a la anterior legislatura del PP, pero qué mejor manera de poner con el culo al aire los argumentos de quien ahora pretende levantar un muro contra la inmigración que recordando que cuando fue ministro del Interior bastaba presentar un bono-bus para conseguir los ansiados ‘papeles’. Por supuesto, también me gustó que puntualizara que la ‘negociación’ con ETA no ha conllevado ni una sola concesión en la presente legislatura y es algo que ha existido en todos los gobiernos de la democracia. Y me gustó también que viniera a decir que poco puede saber de Cultura quien, pese a haber sido ministro de la cosa, se dedica a denostar a nuestros sabinas, serrates, bardenes y compañía.

Ni siquiera me convencen ciertos ‘opinadores’ cuando dicen que Rajoy supo combatir la macroeconomía gubernamental con los precios de la calle, como si las estadísticas que manejó para decirnos en qué porcentaje han subido el pollo o el pan las hubiera elaborado él personalmente acudiendo semanalmente al mercado. Al final los dos tiraron de estadística, pero al menos ZP no intentó engañar a la televisión mostrando el lado humano que a todo político le falta.

No sé qué nos deparará el debate de esta semana, pero supongo que la cosa se andará por similares derroteros. Porque Rajoy, además de no tener más ideas que la acusación perpetua y la demagogia, ni siquiera tiene formas para combatir al a su lado todopoderoso ZP: apenas sabe hablar sin leer, se traba miles de veces y es incapaz de mantener la boca cerrada cuando no habla (hasta se le ve la lengua) y de mantenerle la mirada a la cámara.

Que vaya pensando en la jubilación ese señor que no sabemos a santo de qué está metido en política cuando en su partido es imposible que no haya cuando menos una decena de personas, por no decir centenares, mejores que él. Empezando, por supuesto, por Gallardón, que ojalá hubiera sido la persona con la que en estos días se hubiera encontrado en frente ZP. Porque en tal caso habríamos tenido garantizado unos debates que no fueran un insulto a la inteligencia, a la cultura, a la dignidad, a la civilización, a la ética. En tal disyuntiva, ni siquiera importaría tanto quién ganara o quién perdiera el 9 de marzo, que seguro que ninguno de los dos lo haría mal.

Pero el caso es que la única alternativa posible es Rajoy, con lo cual sí que corremos el riesgo de que gane alguien capaz de hacerlo rematadamente mal en nombre de una España que no es la de todos. Creo que este país no se merece eso, pero habrá que votar para evitarlo. De nosotros depende.

A siete

Pero una cosa es el debate a dos y otra el debate a siete. En este otro formato de propaganda electoral las siglas de PSOE y PP se mantienen, pero cambian sus líderes. Y si quien representa al primero es un tipo caduco con los lugares comunes y la demagogia como único recurso, como para mí es el señor Ramón Jáuregui, y en cambio a los ‘populares’ les representa alguien tan calmado, respetuoso y dialogante como Esteban González Pons, no puedo sino quitarme el sombrero ante el segundo y echar todas mis pestes hacia el representante socialista y, sobre todo, hacia esos líderes del partido que le han elegido una vez más para representar la ideología de Zapatero por televisión. Que se limiten a pagarle una buena jubilación.

La oratoria de Jáuregui me hace recordar que, como sigo empadronado en el País Vasco, no me queda otra que votar por la circunscripción de Guipúzcoa, lo cual me obliga tener que favorecer a otro de esos socialistas a los que no puedo ni ver: Miguel Buen, ese tipo de apariencia bonachón pero más simple que un huevo frito, aunque lo que precisamente le falta es un buen par de huevos para defender la libertad en Euskadi. Valga como ejemplo que cuando era alcalde de mi pueblo, localidad que cuando nací se llamaba Rentería, se bajó tanto los pantalones ante los nacionalistas que no se limitó a aceptar, como hubiera sido lo lógico, que al nombre de Rentería se le uniera el vasco Errenteria, para que cada cual se refiriera a esta localidad como quisiera, sino que impuso el segundo y nos dejó a sus habitantes sin historia.

El caso es que el susodicho ya lleva unas cuantas metidas de pata en esta antesala electoral, como cuando apuntó que el Gobierno volvería a negociar con ETA “si se volvieran a dar las condiciones adecuadas”. Para colmo, no hizo estas declaraciones de forma improvisada, que cuando se improvisa todo puede pasar, sino leyendo un discurso previamente escrito (y se supone que reflexionado). Por cierto, para colmo lo leyó atropelladamente, con menos naturalidad que la de Rajoy con el cuento de la niña esa.

El PSOE le pidió que rectificara por aquellas declaraciones, pero lo que debería hacer es impedir que un tipo que, aunque puedo equivocarme, a mí me parece un tonto, le represente en unas elecciones generales. No me queda otra que votarle tapándome con un dedo, o dos, mi castigada nariz. Y confiar en que esta sea la última vez que me vea obligado a dar mi voto a Miguel Buen. Que lo cambien, como a Rajoy, que cualquier otro militante de sus respectivos partidos lo puede hacer mejor. Peor, la verdad, es imposible.


Gorka Díez
Periodista