17 de marzo de 2008
El Roto o el buen gusto
 

En cuanto cae en mis manos un periódico, lo primero que leo es la columna de la contraportada: no concibo ‘El País’ de los viernes sin Millás ni ‘El Mundo’ sin ese Raúl del Pozo a quien Umbral nombró su sucesor natural, y todavía añoro aquella parte de atrás del ‘Diario 16’ donde Alvite dejaba libres a esos fantasmas del ‘Savoy’ para quienes la vida es algo así como dar vueltas a la aceituna del martini.

Pero gracias al ciclo de humoristas gráficos que ha organizado la UIMP en Cuenca, me he hecho también adicto a esos otros periodistas que son capaces de plasmar la actualidad en una viñeta de escasas dimensiones. Y mi favorito, sin duda, es ‘El Roto’, ese Andrés Rábago capaz de hacernos reflexionar con un dibujo que se puede degustar en un par de segundos pero que deja un poso que va mucho más allá de las limitaciones del tiempo.

El otro dio una conferencia en Cuenca y puede verle la cara a ese ser humano que lleva años escondiéndose detrás de los seudónimos, ya sea ‘El Roto’ u ‘Ops’, pero que un día sí y otro también consigue dar en la diana de la cruda realidad sin dejar de ser honesto consigo mismo ni situarse por encima o por debajo de sus lectores, que somos muchos.

Nunca le había escuchado hablar, y lo cierto es que me encantó oírle decir cosas como que la libertad de expresión no tiene por qué implicar que cada uno diga lo que le venga en gana y de la manera en que le venga en gana, sino que hay cosas que merecen la pena ser contadas y cosas que no, y formas de decirlas y formas que pueden desvirtuar totalmente el significado de lo que queremos decir. No mencionó en ningún momento aquella portada de ‘El Jueves’ en la que los Príncipes aparecían haciendo el amor como animales, que probablemente sea como haya que hacer el amor, pero advirtió de que hay humoristas gráficos cuya chabacanería no contribuye para nada a engrandecer la libertad de expresión y la democracia, sino a restar valor a ambas y degradar las posibilidades de comunicación del ser humano.

Las palabras de ‘El Roto’ me recordaron a David Trueba, quien en su segunda novela, ‘Cuatro amigos’, venía a decir que, escudados en el derecho a su libertad de expresión, hay gente que suelta tantas gilipolleces al cabo del día que lo que debería hacer es meterse su derecho a la verborrea por el culo.

Supongo que yo también creo en eso de que debe haber limitaciones, que la libertad no lo es todo, que debemos exigirnos a nosotros mismos cada vez que escribimos o decimos algo, que hay unas reglas que están ahí para respetarlas cuando nos dirigimos a los otros, un gusto hacia las cosas y hacia la palabra, un camino que seguir que no está impuesto por ley, pero al que deben llevarnos el sentido común y el afán constructivo.

En fin. Yo creo que en el mundo hacen falta muchos más ‘El Roto’ y muchos menos Rajoy, por poner dos ejemplos claros, aunque hay muchos más.

Puesto que las costumbres son algo tan difícil de cambiar, imagino que seguiré empezando los diarios por la columna de la contraportada, pero después espero acordarme de acudir a uno de esos chistes que con una sola idea nos puede hacer reflexionar y ayudar a generar cientos de ideas propias. Es probable que las nuestras nunca vayan a ser tan ingeniosas como la de ciertos dibujantes gráficos, pero de lo que se trata es de darle un poco a la cabeza, que siempre viene bien aunque corramos el riesgo de que nuestros amigos nos tomen por locos. A fin de cuentas siempre habrá alguno por ahí que este mucho más loco que nosotros.

Elecciones

Ha ganado Zapatero, y me alegro, pero desde luego que no me agrada que quien se ha pasado cuatro años tratando de desmontar al Gobierno insistentemente, cayendo reiteradamente en el insulto, el menosprecio, y la chabacanería, haya conseguido subir en votos y posicionarse con cinco parlamentarios más, que por lo visto pueden ser seis, en la nueva legislatura.

Me da mucho miedo también eso de que esta España nuestra, esta España de todos, haya optado, aunque sólo sea por el miedo, que siempre es legítimo, por reducir su pluralidad en beneficio del bipartidismo. Y es que el hecho de que Izquierda Unida sólo vaya a contar con dos diputados es una mala noticia no sólo para ese partido, sino para toda la izquierda, incluida la del PSOE, que si en la anterior legislatura no se mostró demasiado de izquierdas ahora corre el riesgo de serlo menos. Espero no obstante que la salida de Llamazares, con quien nunca conecté, haga resurgir esa organización política que necesita a gritos un nuevo Julio Anguita o un Santiago Carillo y abandonar de una vez por todas ciertos pactos con el nacionalismo más radical.

Lo que más me consuela es que la voz diferente de Rosa Díez haya conseguido un escaño y con ella y las ideas de mi admirado Savater vayan a tener cabida en el hemiciclo. Desde luego que los de UPD pueden decir cosas muy interesantes y productivas en materia de terrorismo y en muchas otras cuestiones más, aportando sensatez y sin caer en el radicalismo anti-todo de Rajoy y compañía.

Y, como decía al principio, ha ganado Zapatero y me alegro. Pero lo que ahora hace falta es que nos gobierne bien en los próximos cuatro años. Seguro que si la oposición le deja respirar un poco el país tira para adelante, aunque me da que no le van a dejar el camino allanado. Hay personas que nunca cambian, y organizaciones que para colmo siguen depositando en ellas toda su confianza. En fin. Habrá que dejarles que su candidato bata el récord de más elecciones generales perdidas en España. Si es eso lo que quieren, me parece que lo van a conseguir. ¡Ánimo!


Gorka Díez
Periodista