| De vez en cuando te llega algún mensaje
de ánimo que le da un poco de sentido a esta solitaria tarea
de escribir para no sabemos quién, porque por mucho que sean
numerosos los internautas que pinchen nuestra web, eso no quiere
decir que se detengan en nuestros párrafos, los cuales, la
verdad, tampoco sé si se merecen o no cierta atención.
Es cierto que muchos conocidos nos aseguran que nos leen, pero
eso tampoco quiere decir que lo hagan: en esta vida se habla demasiado
para quedar bien, y muy poco para revelar lo que realmente se piensa,
lo que somos o dejamos de ser, que a veces la realidad no es ni
una cosa ni la otra.
Una de las personas que más atención me presta es
mi amigo José Luis: no me lo merezco pero se acuerda de mí
pese a la distancia que nos separa, de más de cien kilómetros
y un hijo, que no sé qué pesa más, aunque me
da que desde que dejé de escribir sobre Miguel y algunos
amigos comunes ya no le interesa tanto lo que sale de mi pluma.
Supongo que hay veces que me pongo demasiado rojo para su posición
más a la derecha que otra cosa.
Recuerdo también que no hace mucho colgaron unos de mis
artículos en el foro de la ‘Sala Babylon’ de
Cuenca. Les debió llamar la atención que hablara sobre
Manu Chao, un músico muy vinculado a esta ciudad, donde veraneó
muchos años, y todo un referente para los responsables de
la que como quien dice es la única sala de música
en directo que tenemos en esta ciudad. Evidentemente les agradezco
que den a conocer mis opiniones, pero lo que yo quiero es que me
contraten para cantar en el escenario de su sala, que ya está
bien de que me pase por ahí sólo para beber. Eso sí,
reconozco que la experiencia que tengo como cantante se limita a
una particular versión de ‘El negro zumbón’
que a veces me da por entonar bajo el agua de la ducha.
El otro día quien me sorprendió para bien fue el
escritor y pintor y humorista gráfico y no sé cuántas
cosas más Joan Pla, quien descubrió un artículo
mío sobre ‘El Roto’ en la contraportada de ‘Vistazoalaprensa.com’
y me agradeció por e-mail el acordarme de esos otros columnistas
de la prensa diaria a los que pocas veces les ponemos rostro, pero
que tanta gracia nos suelen hacer. ‘El Roto’ es uno
de ellos y Joan Pla también. Así que gracias, amigo.
Por supuesto que tampoco me olvidó del periodista y poeta
afincado en Cuenca José Ángel García, que citó
mi trabajo de columnista en esta web en su incorporación
a la Real Academia de las Letras Conquenses. Que sepa que cuando
me toque ingresar a mí también me acordaré
de él. Me refiero a cuando ingrese en el psiquiátrico,
claro.
Finalmente, sé que los que nunca faltan a la cita semanal
con mis columnas son mis padres, a los que casi siempre les gusta
lo que escribo, o eso me dicen, pero de todas formas no cuentan
porque están demasiado implicados en la cosa. La objetividad
no es posible cuando la sangre es la misma.
Supongo que poco a poco uno irá dándose a conocer
un poco más y ganando en número de lectores, aunque
nunca se sabe. Lo mismo cuando este mes cumpla un año más
empezará mi declive y la gente que ni siquiera me conoce
comienza a olvidarse de mí como si tuvieran Alzheimer. A
lo mejor hacen bien, eso no lo discuto, pero les agradecería
que no lo hicieran. Para mí esto no acaba sino de empezar.
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