21 de abril de 2008
Todos estamos invitados
 

No sale bien parada la ciudad de San Sebastián en ‘Todos estamos invitados’, esa nueva película de Manuel Gutiérrez Aragón que no pone el dedo en la llaga de la actividad de ETA, lo cual ya está muy sobado, sino en el miedo de una sociedad que da la espalda a las víctimas de la bestia, hasta llegar incluso al punto de culpar de la intranquilidad que allí se vive a quienes condenan el terrorismo a viva voz. Y es que, según la retorcida teoría de algunos, si los amenazados mantuvieran la boca cerrada otro gallo les cantaría y hasta es posible que se redujera el clima de confrontación en el País Vasco. Diálogo, sí, pero que los que ponen a parir a los que matan se mantengan calladitos.

Yo que lo he vivido sé que es cierto eso de que la libertad de expresión no existe, o está muy perseguida, en esa ciudad que es una de la más bonitas del mundo, sino la más, pero que hace tiempo perdió su dignidad por culpa del silencio de sus gentes, que como muchos silencios me parece cómplice, cobarde, aterrador.

En San Sebastián y en gran parte de las ciudades vascas los amenazados se han convertido en, digamos, unos apestados, unos seres con los que no conviene cruzarse por la calle, o con los que cuando uno se cruza lo mejor que puede hacer es hacerse el sueco, mirar para otro lado, no vaya a ser que uno de esos abanderados de la patria vasca te vea pararte a hablar con ellos y te inscriban en la lista negra.

Como bien narra la película recientemente estrenada, en las cenas de amigos y familiares hay un tema tabú: la política. Nada de hablar de esos asuntos. Ni siquiera lo mucho que se bebe ayuda a que se suelten la lenguas.

En un contexto así me choca que San Sebastián se haya atrevido a presentar su candidatura a la Capitalidad Cultural Europea en 2016. Está claro que sería una seria aspirante si en esa batalla por hacerse con la preciada corona sólo contara la programación de actividades de ocio y cultura que tienen lugar a lo largo del año, porque en ese aspecto la capital guipuzcoana tendría todas las de ganar: ahí está ese Festival Internacional de Cine, el más prestigioso de España, y los conciertos previstos para este año de Bruce Springteen, Nick Cave o Liza Minelli, a lo que hay que añadir toda una gran infraestructura cultural que encabeza el Kursaal de Moneo y continúa el histórico y elegante Victoria Eugenia.

Pero, sin embargo, todo eso se viene abajo por culpa del terrorismo, porque a ver de qué cultura puede hacer gala una ciudad que todavía no ha superado lo del tiro en la nuca y, salvo en contadas excepciones, ni siquiera tiene huevos para salir a la calle a defender la vida, la libertad, la dignidad.

Una de las escenas más esclarecedoras del filme de Gutiérrez Aragón es la de ese profesor de Universidad a punto de ser asaltado por la espalda por las calles de una ciudad que vive su fiesta grande, la de la tamborrada, en una noche donde el jolgorio de la multitud aporrea los tambores y el cielo se baña con los colores de los fuegos artificiales: en esos instantes se nos muestra cómo en cualquier momento puede haber un atentado sin que la vasca repare en ello y siga adelante con su fiesta, que es lo que importa, dirán, y además no hay que meterse en problemas.

Así que supongo que ‘Todos estamos invitados’ no gustará en San Sebastián, que pocos estamos preparados para hacer autocrítica, mirar la realidad con imparcialidad y correr el riesgo de llegar a conclusiones que nos dejen rojos de vergüenza.

Sin embargo, a mí me parece una película necesaria, que cuenta algunas verdades como puños y nos regala la magistral interpretación de Oscar Jaeneda: todo un actorazo que sigue la estela del mejor Javier Bardem y que según me cuentan preparó su personaje de etarra frecuentando los bares más radicales del País Vasco, buscando en ellos un acento de la tierra, una mirada asesina que acercara a ese clima de angustia que se vive en Euskadi y que, lamentable, el cine no puede hacer nada para resolver. Claro que sus ciudadanos, por el momento, tampoco están dispuestos a hacer gran cosa para que la situación mejore.


Gorka Díez
Periodista