26 de mayo de 2008
Tom Waits a precio de caviar
 

En principio es una buena noticia que Tom Waits vaya a dar unos conciertos en España, en concreto en San Sebastián y Barcelona, que no son muchas ciudades, pero algo es algo. Sin embargo, uno se entera del precio al que van a salir a la venta las entradas, ¡entre 100 y 125 euros!, y piensa que la noticia a lo mejor no es tan buena, o incluso es todo lo contrario, porque da la impresión de que este genial músico estadounidense de voz rota y melodías noctámbulas va a venir a España a robarle la ilusión a sus admiradores de clase media y baja, que no van a poder pagarse una entrada para sus actuaciones, o que si lo hacen será a cambio de tener que abrocharse el cinturón buena parte del verano y de sentirse poco menos que atracados, si no por Tom al menos por este libre mercado que piensa más en el bolsillo de unos pocos que en la felicidad global.

Entiendo que un concierto de Tom Waits deba valer lo suyo: el músico tiene su caché, en España hay muchas ganas de verle y para tocar aquí tiene que hacer un largo viaje desde EEUU, acompañado además de una banda de músicos profesionales que, según anuncia en su web, tocan “con la precisión de un coche de carreras y son verdaderos prestidigitadores”. Sólo faltaba que fuera a traer consigo unos músicos de mierda, vamos.

Por mucha calidad que tengan Tom y su grupo, pagar cien euros para escucharlos desde el gallinero, que es un lugar desde donde no se ve ni torta, o 125 desde una distancia un poco más humana, pero a fin de cuentas distancia, me parece desorbitadamente exagerado por mucho que el pollo y el cordero y tantas otras cosas más hace tiempo que se hayan puesto por las nubes.

Me preocupa especialmente que estos conciertos de Tom Waits en España puedan sentar un precedente y contribuyan a acabar con el carácter popular de la música en directo, que corre el riesgo de convertirse en una ‘delicatessen’ para la minoría burguesa. Y es que como tomen nota del paso del autor de ‘Take care of all my children’ artistas como Bob Dylan, Lou Reed o Van Morrison, que hasta la fecha cargan bastante, pero no tanto, sus actuaciones, la cosa puede ser para echarse a temblar.

No sé si estaré el 12 de julio en San Sebastián, pero donde desde luego que no me encontraré esa noche a partir de las 21.30 horas es en el auditorio del Kursaal. No porque no me guste Waits, a quien admiro, sino porque no estoy dispuesto a verle a cualquier precio. Me gusta que cien euros me duren algo más que hora y media.

Dicen que Bjork ya hace años que cobra algo parecido, así que me da que estamos camino de volver a aquellos tiempos en los que sólo los ricos tenían acceso a los teatros. Y no porque tuvieran cultura, que muchas veces no era el caso, sino porque a los poderosos siempre les ha ido eso de hacer ostentación pública de su clase social. Porque no vale con ser, también hay que aparentarlo.

En fin. De todas formas si estoy en San Sebastián el 12 de julio lo mismo me acerco al Kursaal. No a ver cantar a Tom Waits, claro está, sino a ver a la salida de su actuación la cara de todas esas personas para las que el dinero no es ningún problema. A lo mejor hasta me acerco con ropa de pobre y me pongo a pedir limosna frente a las puertas del auditorio. Seguro que me cae un buen puñado de billetes, digo yo, con tanto rico como andará suelto por ahí.


Gorka Díez
Periodista