23 de junio de 2008
Holanda
 

Por fin el buen tiempo acompaña, lo cual es de agradecer, que no es lo mismo salir a la calle con paraguas que en pantalones cortos. Claro que entre semana pocos de los que trabajamos podemos usar pantalones cortos, que es lo que tiene vivir en España, un país que sigue teniendo mucho de pandereta pero cuya población no ha conseguido librarse de ciertos prejuicios, que el franquismo hizo lo suyo y hay cosas que no se pueden cambiar de la mañana a la noche.

Recuerdo que el año que estudié en Holanda, en cuanto llegaba el mes de abril y aparecían cuatro rayos de sol casi todos los nativos acudían en bermudas a la Universidad, incluidos algunos profesores. La única vez que vi a un profesor con traje y corbata en el Campus era un español que estaba de visita.

No digo que Holanda sea la sociedad perfecta, ni el espejo donde mirarnos un día sí y otro más (y menos ahora que su selección de fútbol se ha quedado eliminada de la Eurocopa mientras que nosotros hemos pasado) pero sí un buen ejemplo para saber por dónde deberíamos desarrollarnos en diversas cuestiones. Sobre todo, en eso de guardar menos las apariencias y mirar más hacia dentro. Y también, claro, en otras cosas fundamentales ahora que nos amenaza el cambio climático, como el uso de la bici, que a ver cómo se entiende que los holandeses, con lo que les llueve y el frío que soportan, tengan carriles desde, como quien dice, toda la vida, mientras que en España sigamos haciendo un uso tan excesivo del coche privado.

En Cuenca, por ejemplo, ni siquiera se atreven a peatonalizar sus calles céntricas porque dicen que antes sería necesario crear una serie de aparcamientos para que la gente pueda seguir acudiendo en su coche hasta la misma puerta del centro de la urbe.

El Ayuntamiento de esta ciudad debe desconocer la política que se lleva años aplicando en Holanda, y que tan buenos resultados les ha dado: allí el objetivo es que el coche se utilice lo menos posible dentro de las ciudades (otra cosa son las autopistas), de forma que lo último que harían sería facilitar a la gente un aparcamiento económico y barato en el meollo de la ciudad: por lo que abogan es por limitar y gravar el aparcamiento en toda la zona centro, incluso por la noche. Y así consiguen que los que salen de casa en vehículo motorizado se cuenten con los dedos de media mano.

En fin. Cuánto me gustaría ser holandés, aunque sólo fuera para poder ir al trabajo en bicicleta y pantalones cortos sin riesgo de que me pille un coche y la gente me mire mal. Eso sí, en tal caso no dudaría en pasarme las vacaciones en España, en concreto en Benidorm, como hacen ellos, para hincharme todos los días de cerveza, sangría y paella y sentir algo parecido a la felicidad. Y es que, no sé por qué, pero creo que disfrutaría mucho más del verano en España siendo holandés.


Gorka Díez
Periodista