| Por fin el buen tiempo acompaña, lo cual
es de agradecer, que no es lo mismo salir a la calle con paraguas
que en pantalones cortos. Claro que entre semana pocos de los que
trabajamos podemos usar pantalones cortos, que es lo que tiene vivir
en España, un país que sigue teniendo mucho de pandereta
pero cuya población no ha conseguido librarse de ciertos
prejuicios, que el franquismo hizo lo suyo y hay cosas que no se
pueden cambiar de la mañana a la noche.
Recuerdo que el año que estudié en Holanda, en cuanto
llegaba el mes de abril y aparecían cuatro rayos de sol casi
todos los nativos acudían en bermudas a la Universidad, incluidos
algunos profesores. La única vez que vi a un profesor con
traje y corbata en el Campus era un español que estaba de
visita.
No digo que Holanda sea la sociedad perfecta, ni el espejo donde
mirarnos un día sí y otro más (y menos ahora
que su selección de fútbol se ha quedado eliminada
de la Eurocopa mientras que nosotros hemos pasado) pero sí
un buen ejemplo para saber por dónde deberíamos desarrollarnos
en diversas cuestiones. Sobre todo, en eso de guardar menos las
apariencias y mirar más hacia dentro. Y también, claro,
en otras cosas fundamentales ahora que nos amenaza el cambio climático,
como el uso de la bici, que a ver cómo se entiende que los
holandeses, con lo que les llueve y el frío que soportan,
tengan carriles desde, como quien dice, toda la vida, mientras que
en España sigamos haciendo un uso tan excesivo del coche
privado.
En Cuenca, por ejemplo, ni siquiera se atreven a peatonalizar sus
calles céntricas porque dicen que antes sería necesario
crear una serie de aparcamientos para que la gente pueda seguir
acudiendo en su coche hasta la misma puerta del centro de la urbe.
El Ayuntamiento de esta ciudad debe desconocer la política
que se lleva años aplicando en Holanda, y que tan buenos
resultados les ha dado: allí el objetivo es que el coche
se utilice lo menos posible dentro de las ciudades (otra cosa son
las autopistas), de forma que lo último que harían
sería facilitar a la gente un aparcamiento económico
y barato en el meollo de la ciudad: por lo que abogan es por limitar
y gravar el aparcamiento en toda la zona centro, incluso por la
noche. Y así consiguen que los que salen de casa en vehículo
motorizado se cuenten con los dedos de media mano.
En fin. Cuánto me gustaría ser holandés, aunque
sólo fuera para poder ir al trabajo en bicicleta y pantalones
cortos sin riesgo de que me pille un coche y la gente me mire mal.
Eso sí, en tal caso no dudaría en pasarme las vacaciones
en España, en concreto en Benidorm, como hacen ellos, para
hincharme todos los días de cerveza, sangría y paella
y sentir algo parecido a la felicidad. Y es que, no sé por
qué, pero creo que disfrutaría mucho más del
verano en España siendo holandés.
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