| Hace doscientos números que sincolumna se
puso en red y por un azar matemático se celebra tan magno
evento con unas vacaciones. Creo que en este momento correspondería
que en esta columna enumerase algunos conocidos consejos sobre las
vacaciones de verano: que si no hay que obligarse a disfrutar, que
si es mejor no forzarse metas, que es mejor un descanso activo para
no darle vueltas a lso asuntos cotidianos, que si lo lógico
es hacer cosas que no podemos hacer durante el año para mejorar
esa buscada desconexión…
Pero no. No me parecía bien. Era tan fácil de pronosticar,
que este lunes en el que espero una dosis de improvisación
por mi parte me resultaba poco agradable la idea.
Así que pensé en relacionar los doscientos números
de sincolumna con la celebración por que España ha
ganado la copa, una celebración que creo que nos ha tocado
a todos o casi todos, y eso que no soy especialmente futbolero –aunque
si lo fuera, sería del Atléti- . El irracional hecho
de que otros ganen y los espectadores se emborrachen, la sensación
de pertenencia, grandes temas de la psicología. Esto no es
un ensayo plomizo, queda descartado. Además, los petardos
y las canciones no me han dejado dormir bien y no estoy para disertar.
Así se ha convertido esta columna en otro objeto, porque
tocaba, porque los objetos como este fluyen en el Karma. ¿No?
Hablemos de Karma: El sábado estuve en el Rock in Rio porque
el regalo de cumpleaños que le hice a mi prima pequeña
consistió en llevarla al concierto de Tokio Hotel. Es la
gratitud que siento por lo bien que me ha tratado su madre a lo
largo de mi infancia y adolescencia laque ahora vuelco en ella.
Eso es Karma. Bueno, ayuda mucho que sea una niña/chica casi
mujer –a mi pesar, no estaba preparado para adivinar chupetones
en su cuello- divertida y de fácil trato, que me dijo mientras
le dibujaba el símbolo del grupo en un moflete: “Déjame
que tenga quince años”.
Y se fue a chillar frente al escenario sin saber la lección
que me acababa de dar. Esa lección es una de las pocas que
os puedo dejar hoy. Esa, y deciros que de cuando en cuando yo también
quiero dejarme tener quince años. Aunque me queden lejos.
Hablemos de Karma: Hace 200 números que sincolumna se puso
en red, y eso me recuerda que hace mucho más de doscientas
semanas que conozco a un sincolumnero. El azar nos llevó
a conocernos, pues éramos dos niños navegando en el
bloque de cemento de Madrid. Mucho más nos ha llevado a estar
en contacto a través de los años. Una fuerza poco
analizada en sí misma por psicologos y otros animales porque
es casi tan misteriosa como el amor: la amistad. Agradezco la amistad.
Desempolvo con cariño los recuerdos y aprovecho momentos
buenos para compartir con los amigos y hacerlos mejores. Hacedme
caso.
Hablemos de Karma: Me pide el cuerpo cerrar puertas por las que
la energía negativa sigue fluyendo. Se cierran puertas para
impedir que algo entre y que algo salga, para no escuchar y para
que no te escuchen. Para poder abrir puertas, que es algo tan negativo,
hay que abrir ventanas y otras puertas. ¿Demasiado críptico?
Tal vez a la vuelta de vacaciones…
No tengo ya mi lista de libros para verano, pero la confeccionaré
rápidamente: Zen y el arte del mantenimiento de la motocicleta,
un libro de Psicología Jurídica, algún novelón
por especificar… haced la vuestra y cambiadla por el camino
y según los gustos.
Si de algo os ha servido este tiempo a mi lado intentad seguir algún
consejo, o al menos sonreíd con ellos: aceptad aquello que
no podéis cambiar bendiciendo con vuestro cariño a
los demás implicados, despedíos de quienes necesitan
decir adiós; dejad que os embargue la belleza de cosas pequeñas;
haced ejercicio dentro de vuestras posibilidades; intentad no juzgar,
no por no ser juzgados, sino porque así se descubre mejor
el mundo; haced algún dibujo; perded la vergüenza por
un día; acordaos de vuestros amigos; intentad controlar el
miedo…
Expresad vuestros mejores deseos además de las quejas de
siempre.
Expresad vuestros mejores deseos…
Felices vacaciones.
Si pudiera vivir nuevamente mi vida.
En la próxima trataría de cometer más errores.
No intentaría ser tan perfecto, me relajaría más.
Instantes: un poema de Borges que en realidad
no es de Borges, sino de Nadine Stair que al parecer nunca existió,
que podría haber sido en realidad Nadine Strain, pero Strain
no escribió nunca poemas…
Quizás de un tal Don Herold, que por lo
que sé, lo plagió.
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