3 de septiembre de 2007
Construir
Cualquier proyecto implica ciclos de construcción. Los ciclos de construcción de nuestra vida comienzan en ocasiones con revoluciones personales súbitas, imprevisibles. Algunas pueden ser enormemente positivas, como enamorarnos, o un nacimiento. Otras veces, las revoluciones personales, parten de caídas más o menos grandes, accidentes, despidos. Existen también revoluciones que son el resultado de un trabajo intenso, de un proceso lento, cómo la consecución de un título universitario o ganar un campeonato después de años de duro entrenamiento. Sean como sean esos cambios, las corrientes constructivistas hacen énfasis en las experiencias que vivimos, en que somos agentes activos, protagonistas de la película.

Conozcamos al protagonista.

Conocernos puede parecer fundamental para nuestro crecimiento personal, sin embargo, no es demasiado lo que solemos saber de nosotros mismos. En general, nuestros defectos nos parecen enormes y exageramos nuestras virtudes. Por eso, los psicólogos y filósofos hacen en ocasiones esfuerzos ingentes para dotarnos de instrumentos que nos permitan encontrar una vía a ese destino –el self-. El conocimiento que tenemos de nosotros mismos, del protagonista de nuestra película, varía según las personas. Puede que nos conozcamos muy bien en un área –por ejemplo el área profesional, donde los patrones de conducta están más estandarizados, medidos— pero no nos conozcamos en absoluto en otros. Existen instrumentos variados. Esta es sólo una primera propuesta de varias que iremos revisando.

Se trata de un juego que propongo a menudo a mis amigos. Consiste en definir lo que para ellos es la libertad personal. ¿Parece simple? Bueno, las reglas son pocas: consiste en hacer o describir una postal en la que se pueda visualizar la libertad. Es completamente lícito usar el humor, pero es necesario trabajar en la imagen que realmente contenga el concepto, los ejercicios de asociación libre están muy bien, pero ese no es el objetivo. No es tan fácil. Pero es gratificante. Unas pocas personas a las que les he pedido que hiciesen este ejercicio, me han enviado dibujos, o incluso fotos de un lugar que para ellos significaba libertad. Algunas eran bastante descriptivas. Otras necesitaban de explicaciones. Algunas se iban transformando a medida que la elaboraban. He llegado a tener una cierta colección de “postales”, y hay algunas de ellas que son realmente admirables, tanto en la idea central, como en su belleza plástica.
Suelo complementar este juego con otro, al que llamo, la pasión inconfesable. También tiene unas reglas sencillas. Consiste en contestar a la pregunta: --Sí no te dedicases a lo que haces, ¿qué harías? – Ni que decir tiene que también en este caso hay que trabajar sobre ello. No vale –salvo si es genuino—decir que actor, o futbolista. No olvidemos que el juego no es para el que pregunta, es para el que responde, aunque su contestación sólo la escuche él mismo. En ocasiones puede que levante nostalgia, en otras, demuestra que se ha luchado, en otras, que no se ha seguido en absoluto el camino que se deseaba.

Ambos juegos tienen, además de enseñarnos sobre nuestro yo actual, un segundo interés intrínseco, y es que cada imagen es parte de un itinerario de vida, un posible ideal que tener en mente a la hora de conducirnos.
Os propongo jugar a uno de los dos --o a los dos--. Si os apetece, podéis enviarme el resultado a jmicordova (arroba ) googlemail.com.

Y recordad que hay que cuidar el Karma.


Jaime Miranda
Psicólogo