22 de octubre de 2007
Limpiar el armario

Un cuento budista, nos habla de un hombre, que después de muchas jornadas de viaje, llegó a un río. No había ningún lugar de paso cercano. Contempló la posibilidad de dar la vuelta, pero era de suma importancia para él completar el camino. Agotado, se quedó a dormir unas horas cerca del agua. Al despertar, decidió construir una balsa. Empleó casi todo el día y mucho esfuerzo, pero le quedó magnífica. Cruzó la corriente con comodidad subido en ella, y con razón, se sintió muy orgulloso de sí mismo. Cuando ya se encontraba a salvo en la orilla, decidió continuar, pero, ¿cómo iba a abandonar su balsa, en la que tanto esfuerzo había invertido y qué tan espléndida había quedado?
El buen hombre, incapaz de arrastrar la balsa, se quedó a vivir junto al río. Olvidó lo importante que era para él finalizar su viaje. Sobrevivió cruzando de orilla a orilla a los viajeros que llegaban por allí a cambio de unas monedas y sintiéndose atado a un destino, que, en realidad, él mismo había fabricado.

Inmediatamente después de leer este cuento por primera vez, decidí deshacerme de mi colección de cintas piratas de Rosendo. La limpieza de los armarios puede ser un proceso doloroso –¡cómo te vas a librar de ese regalo de tu comunión en el que pone recuerdo de Villabotijo del Rebuzno, aunque no sepas ni quien te lo hizo!--, pero a menos que nuestro trastero sea infinito, a veces es necesario.

Las limpiezas de armario se deben realizar a nivel físico: objetos inútiles, objetos no utilizados que podemos usar, o de los que debemos disponer, se agolpan en cada casa, esperando a que los liberen, los reciclen, los vendan, los regalen o que se haga una enorme escultura con ellos --Las posibilidades son muchas, sería buen ejercicio trabajar en ello--. Es interesante recordar que una llave sin tuerca, una sartén que no ha de cocinar, una bicicleta sin ruedas, unas gafas rotas, unas lentillas de antes de operarnos de la vista, esos pantalones que antes nos venían estrechos y que gracias a nuestro nuevo régimen ahora son seis tallas grandes, ya no tienen razón de ser en el contexto de nuestras vidas.

Estos ejemplos no dejan de ser simples, un tanto jocosos. Las limpiezas de armario también se realizan a nivel emotivo.

Pensándolo bien…
…muchos vivimos aún pegados a una balsa.


Jaime Miranda
Psicólogo

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