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Un cuento budista, nos habla de un hombre, que
después de muchas jornadas de viaje, llegó a un río.
No había ningún lugar de paso cercano. Contempló
la posibilidad de dar la vuelta, pero era de suma importancia para
él completar el camino. Agotado, se quedó a dormir
unas horas cerca del agua. Al despertar, decidió construir
una balsa. Empleó casi todo el día y mucho esfuerzo,
pero le quedó magnífica. Cruzó la corriente
con comodidad subido en ella, y con razón, se sintió
muy orgulloso de sí mismo. Cuando ya se encontraba a salvo
en la orilla, decidió continuar, pero, ¿cómo
iba a abandonar su balsa, en la que tanto esfuerzo había
invertido y qué tan espléndida había quedado?
El buen hombre, incapaz de arrastrar la balsa, se quedó a
vivir junto al río. Olvidó lo importante que era para
él finalizar su viaje. Sobrevivió cruzando de orilla
a orilla a los viajeros que llegaban por allí a cambio de
unas monedas y sintiéndose atado a un destino, que, en realidad,
él mismo había fabricado.
Inmediatamente después de leer este cuento por primera vez,
decidí deshacerme de mi colección de cintas piratas
de Rosendo. La limpieza de los armarios puede ser
un proceso doloroso –¡cómo te vas a librar de
ese regalo de tu comunión en el que pone recuerdo de Villabotijo
del Rebuzno, aunque no sepas ni quien te lo hizo!--, pero a menos
que nuestro trastero sea infinito, a veces es necesario.
Las limpiezas de armario se deben realizar a nivel físico:
objetos inútiles, objetos no utilizados que podemos usar,
o de los que debemos disponer, se agolpan en cada casa, esperando
a que los liberen, los reciclen, los vendan, los regalen o que se
haga una enorme escultura con ellos --Las posibilidades son muchas,
sería buen ejercicio trabajar en ello--. Es interesante recordar
que una llave sin tuerca, una sartén que no ha de cocinar,
una bicicleta sin ruedas, unas gafas rotas, unas lentillas de antes
de operarnos de la vista, esos pantalones que antes nos venían
estrechos y que gracias a nuestro nuevo régimen ahora son
seis tallas grandes, ya no tienen razón de ser en el contexto
de nuestras vidas.
Estos ejemplos no dejan de ser simples, un tanto jocosos. Las limpiezas
de armario también se realizan a nivel emotivo.
Pensándolo bien…
…muchos vivimos aún pegados a una balsa.
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