| En uno de los libros que hoy declaro oficialmente
uno de mis favoritos, Psicología Preventiva de Buela-Casal,
Fernández Ríos y Carrasco Jiménez,
Se hace referencia a todo un programa de prevención de la
depresión. Por otra parte, un psiquiatra, me hizo ver de
una forma práctica, como la depresión los estados
de tristeza, los de ansiedad, no podían ser contemplados
como bloques completamente diferenciados, sino que formaban parte
de un todo. Pero creo que ya dije algo sobre evitar la teoría
en esta columna así que vamos a algo más práctico:
Dentro de este programa, bastante completo, se habla de la necesidad
de tener un plan. Ya hemos hablado de tener planes, pero en esta
ocasión vamos a ver una aproximación más concreta.
En referencia al texto en el que me baso, lo he llamado Un pequeño
experimento.
Haciendo un plan.
Vamos a ver que pasos básicos hay en nuestro pequeño
experimento de cambio. Contemplemos nuestro todo como una gran pirámide.
La gran pirámide ha de tener una base sólida e ir
creciendo. Si queréis podéis tomar como ejemplo la
pirámide de Maslow, pero eso no es importante
ahora. Lo que vamos a hacer es un plan para un cambio concreto,
por ejemplo levantarnos antes, o sacar un rato de tiempo para escribir
todas las semanas. Este proceso de cambio puede reiterarse muchas
veces en lo que podríamos llamar Iteraciones. Los resultados
positivos incrementan nuestro éxito y se suman a nuestra
pirámide. El concepto de iteración es muy importante,
implica que los planes para diferentes cosas estén bien diferenciados.
Dejar de fumar no es lo mismo que comer de forma más saludable,
aunque los dos sean piezas del todo. Si no diferenciamos bien las
cosas, si queremos abarcar demasiado, la sensación de fracaso
en uno de los puntos se extiende a todo el sistema, de tal forma
que el día que nos comemos un trozo de chocolate de más
–lo que no debería ser contemplado como un fracaso
en sí mismo—nos damos por vencidos y acabamos fumando
también más.
Aunque veremos algunas de las técnicas un poco más
en profundidad, el repaso propuesto se va a realizar desde una perspectiva
más general.
a) Un plan es un compromiso consigo mismo. La palabra compromiso
debe tenerse en mente, debe escribirse cien veces si procede, ponerse
en un papel pegado con imanes en la nevera o escribirse en una camiseta.
Yo personalmente, me reitero la pregunta ¿por qué
hago lo que hago?
b) El compromiso en sí mismo, lo que queremos y los pasos
que vamos a tomar, se debe escribir como si fuese un contrato. De
hecho, a esta técnica se le llama contrato conductual. Puede
ser un contrato con nosotros mismos, y con un tercero. A veces tener
un apoyo exterior nos ayuda, especialmente si nos va a tocar limpiarle
el inodoro cada vez que incumplamos nuestras cláusulas.
c) Recordemos que no se puede hacer todo. Hay que elegir. Dediquemos
a elegir un buen rato. Si elegimos cosas incompatibles o imposibles,
empezamos muy mal.
d) Es bueno que exista equilibrio entre lo que nos gusta y lo que
tenemos que hacer. Recordemos que muchas de las cosas que tenemos
que hacer son el camino para lo que queremos hacer.
e) Hay que tener cuidado con los ladrones de tiempo. Pero tampoco
debemos dejar de hablar a la familia y a los amigos. Sólo
reestructurar un poco.
f) Anticipemos los problemas. Visualicemos, describamos los posibles
problemas, preparémonos.
g) Definamos los objetivos. Unos buenos objetivos deben ser específicos,
se deben poder medir, deben ser objetivos –aunque ya hablaremos
sobre esto—, y deben tener fechas límite.
h) Necesitamos una lista de recompensas, y en mi opinión,
una de pequeños castigos. Existe lo que se llama economía
de fichas, que consiste básicamente en dar y quitar puntos,
pero lo que me gusta a mí, es hacer dos listas, una de cosas
que no me gusta hacer y una de cosas que sí. Debe haber pequeñas
recompensas para pequeños avances.
i) A objetivos cumplidos, recompensas administradas.
|