3 de diciembre de 2007
Perseverancia

Perseverancia, según el diccionario de la RAE, es –y mira que me desagrada eso de comenzar citando el diccionario-- mantenerse constante en la prosecución de lo comenzado, en una actitud o en una opinión. Vamos, la perseverancia, que en ocasiones puede confundirse con la tozudez, es esa capacidad de apuntarse al gimnasio e ir, de salir a correr una mañana y volver a la siguiente, de estudiar todos los días. La perseverancia, a la que algunos llaman directamente voluntad, cometiendo un cierto error que no viene a cuento todavía, es un bien escaso.
Si nos falta perseverancia, es evidente que no vamos a llegar muy lejos, porque lo más probable es que sólo demos los primeros pasos. Pero la perseverancia se puede mejorar, así que vamos a echar un vistazo a un truco con esa intención.
El truco tiene el nombre de un tal David Premack, de ahí que se le llame principio de Premack. La enunciación del principio es algo compleja y llena de palabras de las que se usan en estudios de aprendizaje animal, pero lo cierto es que casi todos lo hemos usado de una forma u otra. Es lo que hacemos cuando, por ejemplo, nos negamos la posibilidad de cenar hasta que no hayamos terminado de leer un capítulo del libro, o en esas ocasiones en que miramos el reloj y nos proponemos seguir en la brecha hasta una hora determinada. En resumen: lo que propone Premack es que, si se establece una relación de contingencia entre dos conductas, una reforzante (es decir, una que nos guste) y una de menor preferencia (que será nuestra conducta objetivo), aumentará la frecuencia de esta última. Cuanto más fuerte sea la relación entre ambas conductas, más probable será que perseveremos en la conducta objetivo.
Elijamos pues una conducta, o varias, que nos guste realizar con frecuencia, y pongámoslas en asociación con las conductas objetivo. No cenar hasta que no hayamos ido al gimnasio, no jugar con la videoconsola hasta no haber estudiado, no ver la tele hasta que no hayamos fregado los platos. Por supuesto, podemos darle la vuelta y asociar una no conducta con otra: si no he picado entre horas a las ocho, puedo jugar una hora extra con mi videojuego favorito. Como puede apreciarse, podemos además aplicar la técnica de las actividades alternativas e incompatibles –alguno podrá comer bollos jugando a la Wii, pero no me parece recomendable.
Desde luego, hay otras técnicas para trabajar la perseverancia. Podemos intentar un verdadero empujón físico: poner el despertador fuera del alcance de nuestra mano por la mañana hace maravillas. Pagar una pasta por el gimnasio y pegar en la puerta de la nevera el recibo puede ser más útil que colocar la foto de Brad Pitt en el espejo del tocador.
Pero para perseverar lo imprescindible es querer perseverar. Que sea la propia conducta objetivo lo que nos haga sentir bien es lo que debemos perseguir. Aunque parezca algo un poco raro, recomiendo poner en lugar visible una instrucción que nos recuerde que queremos hacerlo, y leerla con convencimiento y entusiasmo cada mañana, recordando por qué hacemos ese esfuerzo.


Jaime Miranda
Psicólogo

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