10 de diciembre de 2007
El óctuple sendero

Voy a apartarme por un momento de las explicaciones sobre los puntos detectados en la falta de acción y prevención para dar cabida en mi texto a la parte donde dice “Karma”. Quisiera hablar del Noble Óctuple Sendero para el cese del sufrimiento. Permitid que me disculpe, pero no pretendo impartir conocimientos profundos sobre budismo, así que mi artículo será liviano. Si alguien quisiese una buena introducción a este tema, que busque libros de Sangharakshita en su librería o biblioteca habitual.

La doctrina budista habla del Camino del Medio, camino a seguir para el cese del sufrimiento. El Óctuple Sendero es la cuarta de las Cuatro Verdades, a saber:

Primera verdad: el sufrimiento es inherente al ser humano.
Segunda verdad: el sufrimiento procede del yo.
Tercera verdad: puede eliminarse el sufrimiento llegando al estado del Nirvana.
Cuarta verdad: para llegar al Nirvana hay que seguir el Noble Óctuple Sendero.

La primera verdad se ha estudiado desde ciencias y artes tan dispares como la biología, la psicología o la filosofía. El sufrimiento es parte de nuestra naturaleza. Existe una asimetría entre placer y displacer que provoca que podamos sentirnos mal durante un tiempo casi ilimitado y bien durante unos intervalos reducidos. Es necesario aceptar este hecho, luchar contra el sufrimiento propio y ajeno y dejar de preguntarnos cosas como “¿por qué yo?”, que solo conducen a recrudecer el estado de ánimo negativo.

La segunda verdad no es demasiado obvia. Aunque podríamos discutir sobre si el sufrimiento es una forma más de percepción, aplicaremos este conocimiento a aquellos que proceden de nuestro estado de culpa, de ansiedad, o a cualquier otro mal de los llamados psicológicos que no están debidos a enfermedad alguna. Mucho de nuestro sufrimiento se debe a nuestros deseos irracionales de pertenencia, de consumo. A nuestra obcecada forma de vida, siempre encarrilada en los raíles construidos por un entorno que se empeña en convencernos de que la felicidad está en lugares en los que nadie puede encontrarla, como son el escaparte de unos almacenes, el sillón de piel de un coche de lujo o incluso en el fondo de una botella. Todo procedente de la visión egoísta. Unos cristales a través de los cuales se alimenta la idea de que satisfacer al yo con más y más objetos que se compran es la respuesta. La ruptura de la visión egoísta podría llevarnos a otro nivel en el que hubiese más sosiego, menos fluctuaciones en nuestra vida.

La tercera verdad es un tanto utópica, pero el Nirvana es un ideal a perseguir, un estado de paz al que deberíamos aspirar. He empleado la palabra paz porque felicidad es un vocablo equívoco, y puede que alguien lo confunda con la palabra euforia.

El Noble Óctuple Sendero es el camino al nirvana, y podemos no ser creyentes, pero no es obligatorio para que obtengamos algo positivo de su conocimiento. Los ocho pasos del sendero son:

1. Correcta comprensión
2. Correcto pensamiento
3. Habla correcta.
4. Correcta acción
5. Correctos medios de vida
6. Correcto esfuerzo
7. Recta atención
8. Recta concentración

A continuación los interpretaremos de forma que podamos obtener una enseñanza de ellos. Los dos primeros preceptos se refieren a la sabiduría. El primero implica comprender los principios del budismo, de los cuales me parece muy importante el concepto de la causalidad. Según él, todo está condicionado: todo lo que existe tiene una causa y, si desaparecen los elementos que originan el fenómeno, este se extinguirá con ellos. Es muy semejante a la conocida parábola de la balsa. Cuántas cosas continuamos haciendo que no necesitamos, no nos hacen ningún bien e incluso nos desagradan porque no hemos sabido dejar nuestra balsa en la orilla: un rencor, una culpa.

El correcto pensamiento implica obrar con sabiduría sin permitir que las emociones –aquí me permito desviarme: diría que mucho peor si se trata de emociones negativas—se interpongan en el camino del pensamiento adecuado. Veremos que el budismo casi había sentado las bases de lo que se ha llamado Inteligencia Emocional.

El habla correcta, la acción correcta y los correctos medios de vida se refieren al nivel ético. No son muy diferentes de los que aprendemos los educados en la cultura cristiana. Son valores que podríamos considerar casi universales, ya que implican no mentir, no calumniar, insultar, difamar en cuanto al uso del lenguaje, no matar, robar o dañar en cuanto a las acciones, y no desempeñar una profesión dañina para los demás en cuanto a los medios de vida. Las enseñanzas, por el contrario, nos invitan a cultivar un lenguaje amable, calmado, conciliador, con expresiones que rocen lo afectuoso; a hacer el bien incluso con pequeñas acciones –recoger un papel del suelo aunque no lo hayamos tirado nosotros, ceder un asiento en el metro– y a desempeñar un trabajo que contribuya al bien común. Como esto es un asunto más peliagudo, quizás fuese conveniente mirar entre los voluntariados.

Los tres puntos que quedan se refieren a la mente:

El Correcto Esfuerzo implica cuatro trabajos, que se resumen en:
1. Impedir que surjan malos pensamientos.
2. Apartar los pensamientos malos que ya hayan surgido.
3. Trabajar para que surjan buenos pensamientos.
4. Mantener los buenos pensamientos ya surgidos.

La Correcta Atención implica cuatro estados:
1. Prestar atención al cuerpo. Al sufrimiento, al placer.
2. Prestar atención a las sensaciones y a las emociones. Reconocer las emociones.
3. Prestar atención a las actividades mentales.
4. Prestar atención a las ideas, pensamientos, concepciones y a las cosas.

La Recta Concentración es una disciplina que se supone que termina en el Nirvana, en el que se han abandonado las emociones como impuras, tanto las positivas como las negativas. En nuestro caso práctico, pensemos en ello como en una forma de alejarnos de la euforia efímera y de los sentimientos nocivos de rencor, odio, ansiedad.

No practico budismo, pero sus enseñanzas en ocasiones me parecen muy cercanas a las de la psicología moderna. Si nos conducimos con ética, si estamos atentos a lo que sentimos, lo que hacemos, lo que somos, si lo aceptamos, si trabajamos sobre esa base, nos acercaremos a nuestra propia forma de Nirvana.


Jaime Miranda
Psicólogo

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