| Acabamos de empezar el año y, por supuesto,
ya he traicionado algunos de mis propósitos. No importa,
los retomaré como se suele hacer con las dietas los lunes
por la mañana. Eso es aceptación. Estoy contento porque
el año nuevo me ha traído cosas valiosas. Algunas
han costado dinero, lo reconozco, pero otras no. Estas fiestas he
conseguido romper con un miedo que era casi una tradición,
un miedo a hacer algo que quería hacer. Para perder el miedo,
sencillamente, lo hice, y ha resultado una experiencia tan grata
que se va a repetir con frecuencia. En mi lista he cambiado lo de
perder peso, una de esas cosas que me permitían tener los
propósitos fotocopiados e irlos pasando de un año
a otro, por uno nuevo y más reconfortante que masticar verdura
cruda:
Romper con el miedo.
Mis reyes han sido generosos, no se han limitado a brindarme una
experiencia. Me han permitido ver que en cierta faceta de mi vida
estaba mareándome dentro de un círculo vicioso, y
que cada vez centrifugaba más deprisa. Estoy rompiéndolo.
Cuesta trabajo, pero será para bien. Eso me ha recordado
un consejo muy valioso que sintetiza el regalo.
Si quieres que las cosas cambien ¿por qué las haces
tú igual que siempre?
Así que he decidido cambiar cosas: desde mi currículum,
hasta mi forma de vestir si hiciese falta. Pero lo cierto es que
los reyes no se han contentado con eso, y me he encontrado en las
faldas del belén un precioso paquete: se trataba de una sonrisa.
Al principio no sabía si era una sonrisa ajena o una propia,
pero eso ha dado igual, porque la he visto, la he imitado, y ha
surgido la magia. He tenido que sonreír yo también.
Cuando sonreímos, movilizamos muchos músculos, y hay
una teoría bien elaborada que dice que nuestro cuerpo interpreta
el gesto como positivo haciendo que mejore nuestro ánimo.
En su libro “Inteligencia Social”, Goleman nos recuerda
que las emociones se contagian, que la biología humana está
preparada para ello, así que he aquí el nuevo regalo:
Me han dado sonrisas para contagiar a mucha gente. Tengo que esparcir
el virus.
Han traído más cosas. Algunas han sido francamente
tristes, pero en todas hay enseñanzas sobre como vivir, sobre
quienes son tus amigos, sobre quienes te importan, sobre las cosas
que tienes y que deberías haber disfrutado más. Antes
de irse, alguno de los tres sabios escribió en un espejo:
Haz un esfuerzo y queda con esas personas que te importan y a las
que hace tiempo que no llamas.
Pero no se quedaba contento y tras unos puntos suspensivos además
dijo:
Y recuerda que un viaje de mil millas empieza por el primer paso.
Supongo que se refería a esas intenciones crónicas
que tengo, a mi continua queja de falta de tiempo.
El año que viene les dejaré algo más suculento
a los camellos. Sus majestades se han portado muy bien conmigo.
|