14 de enero de 2008
Canciones para correr

En un alarde de intrusismo, puesto que aquí de música la que sabe es mi compañera escupidora de erudiciones, voy a salirme fuera de mi línea habitual para hablar sobre canciones.

Como usuario frecuente de parques y jardines de mi ciudad, he comprobado que aquellos que corremos solos solemos portar un reproductor de música. En las clases de aeróbic nos ponen ritmos a seguir, y también en los supermercados. Está perfectamente estudiado el fenómeno. La música influye en el aspecto anímico de nuestra vida. Hace trabajar áreas cerebrales diferentes que la lectura o la palabra. Nos completa. Nos ajustamos al “beat” de las canciones que escuchamos, así que un poco de música puede ayudarnos a mejorar una marca personal, o simplemente a estar animados durante el evento. Gracias a una elección correcta de canciones, yo mismo he conseguido arañar unos minutos a mi marca en diez kilómetros.

A veces, una canción nos recuerda a alguien o a alguna situación –no siempre buena, lo reconozco. Por ejemplo, en una serie titulada “¿Samantha quién?”, dedican un capítulo a un recuerdo bloqueado por la protagonista, que llora exacerbadamente cada vez que escucha una cancioncilla que, sin embargo, tiene un ritmo alegre. Resulta cómico por lo exagerado, pero no es tan increíble. En una ocasión fui recabando canciones tristes de mis amigos. Les preguntaba qué música les ponía en un estado melancólico o incluso les arrancaba lágrimas. Fue un éxito. Algunas de esas canciones me provocan verdaderas catarsis.
Hace poco, un amigo me habló de unas canciones de los Beatles para que sus sobrinos aprendiesen inglés. Recuerdo también que un conocido regaló a su novia un disco en el que había grabado una canción seleccionada por cada uno de los amigos de ambos. Un regalo precioso a mi parecer.

La música ayuda a moverse, a relacionarse, a producir. Por ejemplo, el Ingeniero Javier Manterota mencionó en una entrevista a EL PAIS, que "A veces, cuando pensaba en una obra nueva me ponía a Bach, para ver si mis ideas así filtradas daban algo sublime".

Aunque defiendo el silencio y opino que somos una sociedad ruidosa –especialmente en nuestra latitud--, creo en la música. Encontrar esa mezcla perfecta para correr, para estudiar, esa mezcla para provocar o ayudar a los sentimientos a viajar desde lo profundo a lo superficial, es una ciencia. Esos son los deberes para hoy, los deberes que yo mismo me pongo antes de eventos diversos: elegir música para el ejercicio, el amor, un viaje, concentrarse, llorar, y porque no, para reírse.

Espero que Paula pueda ayudarnos con ello.


Jaime Miranda
Psicólogo

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