18 de febrero de 2008
Rituales de resolución

En ocasiones algo pasado nos persigue, en otras, lo llevamos puesto nosotros mismos como una chaqueta vieja y raída, una chaqueta que apesta a sudor y que sin embargo, no tiramos. No se la mostramos a nadie o a casi nadie porque nos avergonzamos de ella, y eso es aún peor, porque no aceptamos que los demás puedan decirnos que nuestra prenda está sucia. Nosotros sin embargo, no nos olvidamos y hacemos gestos huraños a los demás para poder taparla.
Creamos patrones, costumbres, nos manejamos con la chaqueta que de puro cuarteado dificulta los movimientos. Tanto es así, que un día, cuando menos lo esperamos, tenemos la oportunidad de mostrarnos desnudos frente a alguien a quien amamos y que nos ama, y nuestra chaqueta nos lo impide porque está adherida a la piel y duele arrancarla.
Sabíamos que acabaría haciendo daño.
Conocí a una mujer que me propuso hacer un ritual para librarme de una chaqueta de esas. Yo por entonces no sabía nada de rituales y no confiaba en recetas mágicas. Pero hay algo más que magia en ello. Un día hice una lista de cosas que quería sacar de mi vida, la depuré, la hice con mimo y cuando estuvo finalizada, esperé a la noche y la quemé mientras decía adiós. Muchos rencores y dolores de esos que trascienden la nostalgia se fueron con la llama.
Pasado el tiempo he sabido que, los rituales, los ritos de paso, han ayudado al hombre desde su nacimiento como especie. Se trata de esos momentos en los que algo marcaba la vida y el camino y hacía que no estuviésemos perdidos: que los hombres supiesen cuando eran hombres y no niños o que pudiésemos despedir a nuestros difuntos, por ejemplo. Hemos perdido mucho en ese sentido. No se trata sólo de fe, se trata de que necesitamos señales que nos ayuden. Esas señales que puedan ayudarnos a continuar cuando no parece que haya nada que podamos hacer.
Bill O’Hanlon, un alumno de Erickson, propone en un curioso libro titulado “Pequeños Grandes Cambios”, que hagamos rituales de resolución para arrancarnos la chaqueta. Las características de estos rituales son:
- Son acciones especiales.
- Limitadas en el tiempo.
- Ayudan a seguir adelante, a traer algo del mundo interior al mundo de la acción.
El diseño del ritual ha de trabajar en los dos primeros puntos, nos hace falta algo especial, algo que no forme parte de nuestras rutinas diarias –que no dejan de ser otra forma de ritual en muchos casos--, quemar fotografías, escribir cartas a alguien que no pueda recibirlas, correr veinte kilómetros. Tiene que ser algo limitado en el tiempo, algo que ha de suceder una noche, una tarde, para permitir que sintamos que ha acabado el tiempo dedicado al ritual, y que le ha llegado la hora a la chaqueta.
Hay que ir a por ropa nueva.
O no llevar ropa en absoluto, todo depende.


Jaime Miranda
Psicólogo

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