3 de marzo de 2008

El martillo de oro

Estos días he estado en un curso que nada tiene que ver con la psicología. De hecho, tiene que ver con la tecnología. Me han contado cosas muy útiles no sólo para fardar de tecnólogo en los bares, sino para conducirse por la vida. Voy a escribir sobre un par que hablan de acciones.
La primera es tener un destino para la acción.

Como decía un gurú del management:

Estamos al borde del precipicio, ha llegado el momento de dar un paso adelante.

Es decir, que las acciones sin dirección tienen buena probabilidad de ser nefastas, o cuando menos, una pérdida de energía. Me gustará entrar más en detalle cuando repase las trampas mentales. Pero eso será en una futura sincolumna.

En cuanto a las acciones que sí están encaminadas en una dirección en particular, es decir, que pretenden solucionar algo, he apuntado con letras grandes, de esas que se usan para apuntar que no se te olvide llevar el coche al taller o ir al dentista:

Siempre que arreglas un problema, vas a encontrarte con otros.

Cada vez que nos enfrentamos a un problema puede suceder que nuestro esfuerzo por solventarlo nos lleve a otros problemas que en ocasiones son mayores. Me viene a la memoria un amigo ex-fumador que había cogido cinco kilos durante unas vacaciones. La ansiedad que le causó el régimen al que se sometió le hizo volver a probar el tabaco. Probar el tabaco le hizo recaer en el hábito. No es que exista un camino fácil para evitar cualquier problema que nos podamos encontrar. Es más, sería imposible preverlo todo en un mundo que no se rige por unas reglas tan claras y elegantes como las del ajedrez. Pero podemos intentar ser consecuentes, y pensar en nosotros y en los demás antes de brincar hacia soluciones rápidas –que suelen ser, por cierto, las que más problemas colaterales causan.

También me han dicho que tenga cuidado con usar un martillo de oro, pero debo decir que puedo hacerlo aún peor, porque acostumbro a usar como martillo una llave inglesa.
Se dice una herramienta (o una tecnología) es un martillo de oro cuando con ello pretendemos arreglar cualquier problema que se nos ponga por delante. Como el personaje de Mi Gran Boda Griega que todo lo curaba con limpia-cristales. Más vale que identifiquemos nuestros martillos de oro antes de que hagamos un estropicio.

Y por supuesto, ya que hablamos de martillos, hay que recordar que cuando la herramienta que tenemos es un martillo, no por eso todo lo que encontremos es un clavo.


Jaime Miranda
Psicólogo

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