| Estos días he estado en un curso que nada
tiene que ver con la psicología. De hecho, tiene que ver
con la tecnología. Me han contado cosas muy útiles
no sólo para fardar de tecnólogo en los bares, sino
para conducirse por la vida. Voy a escribir sobre un par que hablan
de acciones.
La primera es tener un destino para la acción.
Como decía un gurú del management:
Estamos al borde del precipicio, ha llegado el momento de dar un
paso adelante.
Es decir, que las acciones sin dirección tienen buena probabilidad
de ser nefastas, o cuando menos, una pérdida de energía.
Me gustará entrar más en detalle cuando repase las
trampas mentales. Pero eso será en una futura sincolumna.
En cuanto a las acciones que sí están encaminadas
en una dirección en particular, es decir, que pretenden solucionar
algo, he apuntado con letras grandes, de esas que se usan para apuntar
que no se te olvide llevar el coche al taller o ir al dentista:
Siempre que arreglas un problema, vas a encontrarte con otros.
Cada vez que nos enfrentamos a un problema puede suceder que nuestro
esfuerzo por solventarlo nos lleve a otros problemas que en ocasiones
son mayores. Me viene a la memoria un amigo ex-fumador que había
cogido cinco kilos durante unas vacaciones. La ansiedad que le causó
el régimen al que se sometió le hizo volver a probar
el tabaco. Probar el tabaco le hizo recaer en el hábito.
No es que exista un camino fácil para evitar cualquier problema
que nos podamos encontrar. Es más, sería imposible
preverlo todo en un mundo que no se rige por unas reglas tan claras
y elegantes como las del ajedrez. Pero podemos intentar ser consecuentes,
y pensar en nosotros y en los demás antes de brincar hacia
soluciones rápidas –que suelen ser, por cierto, las
que más problemas colaterales causan.
También me han dicho que tenga cuidado con usar un martillo
de oro, pero debo decir que puedo hacerlo aún peor, porque
acostumbro a usar como martillo una llave inglesa.
Se dice una herramienta (o una tecnología) es un martillo
de oro cuando con ello pretendemos arreglar cualquier problema que
se nos ponga por delante. Como el personaje de Mi Gran Boda Griega
que todo lo curaba con limpia-cristales. Más vale que identifiquemos
nuestros martillos de oro antes de que hagamos un estropicio.
Y por supuesto, ya que hablamos de martillos, hay que recordar
que cuando la herramienta que tenemos es un martillo, no por eso
todo lo que encontremos es un clavo.
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