31 de marzo de 2008

Perdonar

Perdona nuestras ofensas, así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden

Me he enfrentado a mi rencor y he perdido. Me ha sucedido varias veces. Saber perdonar es un esfuerzo, un acto que consume una cantidad desmesurada de energía en un momento puntual. Es un acto que hay que saber realizar. Mantener el rencor en la mente es mantener a un enemigo diminuto como un insecto, que nos devora desde la entraña. El rencor está relacionado con enfermedades reales, con obsesiones, con pensamientos intrusos que consumen nuestra capacidad de razonar.
El tema del perdón, es un tema ciertamente poco tratado en psicología y el nivel de acuerdo entre autores no es demasiado. He encontrado algo sobre el tema escrito por parte de psicólogos cristianos. No es casual que sea desde el prisma cristiano desde el que se aborda un asunto casi olvidado en la disciplina.
Pero ahora que he de emprender mi propio itinerario para perdonar he intentado planificar mis pasos.
Lo primero que he de hacer es reconocer cómo me siento.
- Siento ira.
- Siento desasosiego.
- Vienen a mi mente con todo lujo de detalles los momentos en los que la adrenalina hizo amargo el sabor de mi boca.

Aunque mi mente me dice que no puedo volver a tras, que sea consecuente y siga con mi vida, he de aceptar mi dolor, mis emociones trastornadas por él, para poder reconducirlas, transformarlas, porque son emociones que me destruyen, no me aportan bienestar.
Además, necesito entender qué es el perdón. Acudí al diccionario y me dijo que era la remisión del daño recibido. Me sonó a que perdonar era simplemente saldar una pérdida de caja, un resignarse. No me gustó. Me acordé también de palabras de Joaquín Sabina, ese señor que forma parte de la banda sonora de Madrid, cuando decía que para qué iba a pedir perdón a la chica, si ella le iba a perdonar porque ya no le importaba. Supuse que el perdón tampoco era no dar importancia. Es demasiado fácil perdonar a quien nos hace poco daño. Es demasiado sencillo perdonar a una pareja que nos abandona si no se la quiere.
Exploré hasta encontrar algunas ideas de lo que era para mí el perdón:

- Perdonar es recordar sin que hiera el recuerdo.
- Perdonar implica soportar y finalmente curar el dolor. No dejar el reloj estropeado en la hora final en la que sentimos dolor.
- Perdonar implica dejar el rencor atrás.
- Perdonar no es resignarse.
- Perdonar no es olvidar. Si esperamos olvidar, moriremos con el rencor en la mente.
- Perdonar no es huir. No es alejarse y aislarse para siempre.
- Perdonar, sobre todo, no es vengarse o empatar. Aunque me guste mucho el Conde de Montecristo, lo que hace Dantés, es lo menos parecido a perdonar.
- Perdonar no es simplemente pasar por alto.
- Perdonar no es reconciliarse con quien nos hizo daño. Reconciliarse es otro paso, que no es vital en el perdonar.
- Perdonar implica no ver en la mirada del otro sólo el dolor que provocó.


Descubrí que el perdón debe pedirse, el perdón debe otorgarse y que perdonar, incluye perdonarse a uno mismo.
Así obtuve los primeros pasos que debía de dar. El primero es pedir perdón a aquellos a los que no supe perdonar.


Jaime Miranda
Psicólogo

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