| Perdona nuestras ofensas, así como nosotros
perdonamos a los que nos ofenden
Me he enfrentado a mi rencor y he perdido. Me ha sucedido varias
veces. Saber perdonar es un esfuerzo, un acto que consume una cantidad
desmesurada de energía en un momento puntual. Es un acto
que hay que saber realizar. Mantener el rencor en la mente es mantener
a un enemigo diminuto como un insecto, que nos devora desde la entraña.
El rencor está relacionado con enfermedades reales, con obsesiones,
con pensamientos intrusos que consumen nuestra capacidad de razonar.
El tema del perdón, es un tema ciertamente poco tratado en
psicología y el nivel de acuerdo entre autores no es demasiado.
He encontrado algo sobre el tema escrito por parte de psicólogos
cristianos. No es casual que sea desde el prisma cristiano desde
el que se aborda un asunto casi olvidado en la disciplina.
Pero ahora que he de emprender mi propio itinerario para perdonar
he intentado planificar mis pasos.
Lo primero que he de hacer es reconocer cómo me siento.
- Siento ira.
- Siento desasosiego.
- Vienen a mi mente con todo lujo de detalles los momentos en los
que la adrenalina hizo amargo el sabor de mi boca.
Aunque mi mente me dice que no puedo volver a tras, que sea consecuente
y siga con mi vida, he de aceptar mi dolor, mis emociones trastornadas
por él, para poder reconducirlas, transformarlas, porque
son emociones que me destruyen, no me aportan bienestar.
Además, necesito entender qué es el perdón.
Acudí al diccionario y me dijo que era la remisión
del daño recibido. Me sonó a que perdonar era simplemente
saldar una pérdida de caja, un resignarse. No me gustó.
Me acordé también de palabras de Joaquín Sabina,
ese señor que forma parte de la banda sonora de Madrid, cuando
decía que para qué iba a pedir perdón a la
chica, si ella le iba a perdonar porque ya no le importaba. Supuse
que el perdón tampoco era no dar importancia. Es demasiado
fácil perdonar a quien nos hace poco daño. Es demasiado
sencillo perdonar a una pareja que nos abandona si no se la quiere.
Exploré hasta encontrar algunas ideas de lo que era para
mí el perdón:
- Perdonar es recordar sin que hiera el recuerdo.
- Perdonar implica soportar y finalmente curar el dolor. No dejar
el reloj estropeado en la hora final en la que sentimos dolor.
- Perdonar implica dejar el rencor atrás.
- Perdonar no es resignarse.
- Perdonar no es olvidar. Si esperamos olvidar, moriremos con el
rencor en la mente.
- Perdonar no es huir. No es alejarse y aislarse para siempre.
- Perdonar, sobre todo, no es vengarse o empatar. Aunque me guste
mucho el Conde de Montecristo, lo que hace Dantés, es lo
menos parecido a perdonar.
- Perdonar no es simplemente pasar por alto.
- Perdonar no es reconciliarse con quien nos hizo daño. Reconciliarse
es otro paso, que no es vital en el perdonar.
- Perdonar implica no ver en la mirada del otro sólo el dolor
que provocó.
Descubrí que el perdón debe pedirse, el perdón
debe otorgarse y que perdonar, incluye perdonarse a uno mismo.
Así obtuve los primeros pasos que debía de dar. El
primero es pedir perdón a aquellos a los que no supe perdonar.
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