21 de abril de 2008

Astenia

Tengo astenia: otro objeto.

“Hoy estoy raro y no entiendo porqué”, canta el Cuarteto de Nos en mis auriculares. Se ajusta perfectamente a la descripción. No me siento bien, tampoco mal del todo. No sé lo que me pasa. Puede que sea la Astenia Primaveral, y como en realidad no está clara la causa… hay quien dice que es cosa del cambio climático, hay quien dice que es la luz. Yo creo que en los últimos días no he dejado un espacio para mí. No he devuelto los libros a la biblioteca, no he podido estudiar, ni escribir. Le echo la culpa al trabajo, que duda cabe, pero en realidad no me lo acabo de creer. Ahogo mi malestar en comidas abundantes que se acumulan en mi línea de flotación. Igual si me pinto de rojo, este año puedo pasar por una boya.
He leído en una revista que debería comer más frutas y verduras. En otra que debería tomar hipérico y pasiflora. En otra que la felicidad se practica. En otra me recomendaban hacer ejercicio hasta la extenuación. Esa era la que más me gustaba a bote pronto, pero llueve, no me apetece correr por el parque y volver empapado como un perro abandonado.

Y la columna sin hacer. Voy a decepcionar a mis dos o tres lectores.
Menuda ayuda que soy si no sé ayudarme a mí mismo.

No he hecho mi limpieza de primavera, así que voy a comenzar por ahí. Voy a ponerme el chándal de pensar, a desayunar fuerte y a sacar la basura. Necesito unas bolsas, tengo que tirar tantas cosas. Necesito espacio para moverme. Tendré que hacerlo, tendré que retirar de la mesa los viejos escritos e ir haciendo hueco para mí. No puedo rendirme por sentirme rendido. La fatiga me lleva a más fatiga.

Necesito consejo. ¿Hay alguien ahí que me aconseje?

No vale cualquiera.

Esta semana he cometido el absurdo error de volcar cosas en alguien implicado en ellas. Si eso fuese buena idea no existirían los confesores, los psicoanalistas o los camareros de barra. Recordad, amiguitos. Contad las cosas en frío, nunca en caliente. El perverso cristal de las emociones negativas distorsiona la percepción. Cometo muchos errores y a veces no me los sé perdonar -¿he hablado ya sobre el perdón?-.
Además tengo que aprender a no juzgar, a abstraerme, tengo que recordar como dar pasos pequeños y encontrar caminos para cambiar las cosas. Sueno triste, y lo estoy, pero he encontrado una bombilla en mi cuartito oscuro.
Es una historia real que comienza así:

Érase una vez un hombre que perdió el habla, pero descubrió que podía cantar.


Jaime Miranda
Psicólogo

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