| En un artículo que recientemente publicó
el NY. Times, habla de la posibilidad de cambiar los hábitos
y de volverse más creativo. Aunque la palabra hábito
se usa con alarmante frecuencia con connotaciones negativas, hay
hábitos malos y buenos. El hábito de cepillarse los
dientes es un ejemplo de los segundos. Los hábitos son caminos
que nuestra mente ha definido. Son cómodos, son recorridos
de los que se siguen con el piloto automático puesto. Eso
hace que al ejecutar acciones según nuestros hábitos,
consumamos menos recursos. Exactamente igual que cuando hacemos
el mismo recorrido de siempre al trabajo, de tal forma que podemos
escuchar con más detenimiento la radio del coche porque no
necesitamos estar atentos a las señales ni a los nombres
de las calles. Pero claro, los hábitos tienen su contrapartida.
Son tan cómodos que a veces nos valemos de ellos para actuar,
para pensar, y mantenemos falsas creencias durante años,
y hacemos cosas que no nos reportan ya nada después de mucho
tiempo –esto tiene relación directa con aquello de
los heurísticos-.
Ya lo hemos dicho alguna vez: si queremos que las cosas cambien,
tenemos que comenzar los cambios nosotros mismos. Pero cambiar o
destruir los antiguos hábitos es muy complicado. Es más
probable que consigamos construir hábitos nuevos que actúen
como caminos paralelos –algo así como autopistas de
peaje-. Está de moda la palabra “Kaizen” en el
mundo de los negocios. La palabra, traducida del japonés
quiere decir algo así como “Cambio continuo”
o “Cambio bueno”, y hace referencia a la introducción
de pequeños cambios – cosa que también hemos
mencionado, que muchos pequeños cambios cuantitativos pueden
dar lugar a cambios cualitativos-.
Valgámonos de algunas de las técnicas mencionadas
e intentemos, no mezclarlas, sino usarlas como se usan las herramientas
a la hora de hacer bricolaje, para introducir pequeños cambios.
Propongo algunos ejercicios.
1. El antes y el después. Pensemos en esos anuncios que ofrecen
dos imágenes, la del antes y el después. Hagámonos
una foto del “antes” y pensemos como queremos que sea
el después. No tiene porque ser una foto del cuerpo, puede
ser un dibujo de algo, una imagen que represente el estado actual
de algo que queramos. Ahora imaginemos los pasos intermedios, todas
las cosas que podemos hacer para dar los pasos entre una y otra.
Escribamos cada cosa y pensemos que nos hace falta en realidad.
2. Premack. Debe haber al menos una cosa sencilla que debamos hacer.
Algo que no cueste mucho trabajo pero que no acabamos de llegar
a hacer: beber dos litros de agua, recoger la cocina, planchar.
Bueno, pues la técnica que hay detrás del principio
de Premack dice que “hasta que no (me beba los dos litros
de agua, recoja la cocina) no puedo… (ver la tele, leer mi
libro)
En general cualquier técnica es válida si nos va bien.
Parece ser, además, que es más fácil ir poco
a poco, al menos en cuanto al número de hábitos que
se crean – comenzar a correr, dejar de fumar, estudiar, levantarnos
antes… todo junto es una sobrecarga que lleva a estar exhaustos
y abandonar-.
Así que…
Kaizen.
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