18 de junio de 2008

Bacalao

Qué esta palabra que evoca pinchitos, el norte, tapas varias y hasta cerveza, haya sido un tabú en mi casa durante yo no sé cuantos años, no resulta sorprendente. Vivimos entre palabras, objetos y acciones tabú. Algunos son culturales o transculturales –el incesto- y otros son tan específicos, tan familiares, como el bacalao en mi casa. No sé cual es el origen del tabú del bacalao con precisión, no tengo claro si nunca me lo han explicado por que no se acuerdan ni mi padre ni mi madre, o sí es que no lo han querido hacer. La excusa es que a mi padre le daba asco, tanto que mi madre lo borró del diccionario, lo elimino de las conversaciones. La cosa se puso tan grave que si en la tele decían bacalao, nos mirábamos todos como si nos hubiesen mentado a los muertos y mirábamos a mi padre, esperando no sé que reacción –yo esperaba que vomitase, por lo menos, o que se retorciese de dolor apretando los dientes como Rambo al ser sometido a descargas eléctricas, pero no sucedía- Supongo que esta prohibición de decir, pensar y escuchar la palabra bacalao, llevó a mi madre a no poner nunca el programa de Arguiñano, lo que le servía como excusa para seguir cocinando como si sólo dispusiese de armadillos sin pelar como ingredientes y un soplete como herramienta de cocina. Recuerdo tantas y tantas veces diciendo cosas como: “el pez ese que no se puede nombrar” o “ya sabes, el bac…” y a ella haciendo aspavientos no se te fuese a escapar. Pero lo dicho, nunca pasaba nada. A pesar de que frases de ese estilo me recuerdan a aquél cuento del maestro que le dijo al alumno: “como castigo vas a mirar a la pared, y no vas a volver a sentarte hasta que dejes de pensar en un elefante blanco” – perdón por las equivocaciones, supongo que en vez de un elefante sería un oso, o tal vez un bacalao, no lo recuerdo bien – Nunca pasaba nada, pero podría haber pasado, porque por cuidar de mi padre, mi madre estaba aplicando una técnica que yo llamaría “Supersensibilización sistemática” , es decir, lo contrario de la “Desensibilización sistemática” que es una técnica que consiste básicamente en exponer al sujeto al objeto de su fobia. ¿Cuántas veces te tienen que decir que odias el bacalao, que te provoca nauseas, para que acabes sintiéndolas realmente? Lo ignoro, pero es posible, ya lo creo. Los tabúes son la manera visceral de actuar, lo cómodo –no tanto, es difícil evitar el bacalao, y además, la tortilla de bacalao está muy buena-. Son un mecanismo de alejamiento – no en su sentido polinesio, pero no quiero hablar de polinesios en este momento--. Y hay muchas cosas que son tabú.
En mi caso está el dinero. Eso ha provocado que al ver mi sueldo, en mi declaración de la renta, haya sufrido el efecto que provocaban las mujeres menstruantes al acercarse a un sembrado en algunos hombres africanos.

En resumen. Hay que descubrir nuestras prohibiciones, nuestros tabúes, y comenzar a plantearnos si no tendremos que romperlos.

Por cierto. Tengo un psicólogo en venta –aunque su currículum es más largo que eso- ¿Hay alguien interesado?


Jaime Miranda
Psicólogo

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