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Granada, lunes 22 de septiembre de 2003

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¡Tiremos de la manta!

Consumo sentido. Comprar el cedé original es mi forma de agradecer al artista las emociones que es capaz de despertar en mí.

Links relacionados
 
www.enriquebunbury.com
Web de mi músico favorito. Un compositor de raza, incomprendido siempre.
 
www.elmundo.es
Gráfico animado de cómo se reparten los ingresos por ventas de cedés.
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En un debate con trasfondo económico no resulta fácil discriminar qué verdad está menos contaminada o cuál se sostiene con argumentos más sólidos. El mal endémico que nos azota con el top manta no es una excepción. Lo dice alguien que reconoce haber comprado cedés en el hipermercado de la falacia. Pero se acabó. Ni un duro más a los correligionarios de Vito Corleone.

Que no. Que el precio de un cedé es justo. Que cuesta mucho componer una canción, rodearse de una banda de músicos de primera y encerrarse en un estudio de grabación a trabajar. Claro, que cuando se banaliza la figura del artista, como han hecho los Orzuelos Televisivos con la complicidad de nuestra televisión pública (que manda huevos, como diría Trillo), o los pseudo-artistas de pacotilla nacidos de bodrios televisivos varios para endulzar las noches del verano, me temo que se desbarata mi argumento y poco o nada podemos hacer.

Pero no. Sí se pueden hacer cosas. Bajar el I.V.A. de los discos al 7% y no tratarlos como un bien de lujo hubiera sido un primer y efectivo tratamiento de choque, pero la Comisión Europea no está por la labor. Hay más. Las tiendas y las discográficas deberían reflexionar sobre sus políticas comerciales. Universal ha dado un primer paso en Estados Unidos rebajando el precio de los cedés un 30%. ¿Surgirá una corriente mimética entre sus competidoras? Veremos.

En todo caso, que quede claro, los enemigos no son ni Universal, ni Warner ni Capitol, y mucho menos los sellos independientes. Las disqueras, como las llaman los latinos, se gastan millonadas en fichar nuevos valores, y en acercarnos su música mediante giras e ingentes campañas de promoción. El futuro está en manos de su cartera. Y ya se sabe, si no hay moneta, no hay stella.

Pero la industria también tiene sus contradicciones. ¿Cómo es posible que Sony sea casa discográfica, luche contra la piratería, y a la vez venda grabadoras y cedés vírgenes? Hacer negocio por el negocio tiene estas cosas, y de eso, créanme, el consumidor no tiene la culpa. Nos pondrán el canon que ha exigido la SGAE para gravar los cedés, denuncias por descargar unas canciones de Internet o sistemas anticopia como en el último trabajo de Alejandro Sanz, pero tales medidas seguirán siendo inútiles. Corleone continuará sumando ceros a su cuenta corriente en medio de este acuciante paroxismo social.

De ahí que me incline por el consumo sentido. El que realizo gustosamente desde el corazón y desde la felicidad que me han reportado tantos y tantos discos que tengo por aquí apilados. Las emociones que me han reportado los Bunbury, Amaral, Calamaro o U2 de turno no tienen precio. Por eso no tendré inconveniente en pagar sus obras con los ojos cerrados. Les estoy eternamente agradecido. Así que no lo dudéis majos, por principios, por conciencia y por amor a la música, ¡tiremos de la manta!
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