Acabo de leer la columna de Santi y me ha salido el
alma sureña. ¡Qué paradoja! Nací en Madrid, pero estuve de paso. Lo
típico, un par de meses en la incubadora. O sea que raíces allí, más
bien pocas. De un pequeño y ex nuclear pueblo pacense bajé
a la Granada que hoy me acoge, dejando entre medias una idílica
estancia de nueve años en Salamanca.
Héteme aquí que el sur es el único lugar que ha tenido continuidad
en mi vida. 25 años que tengo, 25 veranos que he parado por aquí.
Es otro mundo el que se abre al cruzar Despeñaperros. Alguien sostuvo
una teoría que relacionaba las altas temperaturas y el ritmo de vida.
Así fue cómo el sur patentó la pachorra
como way of life. Y es que la caló amuerma, ralentiza
los parpadeos e incluso hasta las ideas.
Andalucía es diferente. Es arte y cultura en sus calles, fiesta permanente
en cada esquina, y un espíritu zalamero que encandila o invita a desconfiar.
Tiene buenos guisos y pescaítos y, por encima de todo, una filosofía
de vida muy renacentista. Aquí todos llevan escrito en la frente Carpe
diem y no dudan en pedir un préstamo al banco para gastarlo en
la semana de feria. Como lo oyen.
El sur es folclore, pero no el de la galaxia Cachuli. El sentir
de aquí abajo es el del flamenco rajao del Sacromonte granadino,
el de los coros rocieros o el que representa la leyenda del malogrado
Camarón. ¿Se acuerdan?
El carácter es punto y aparte. La nobleza del norte no riñe con la
del sur. Tan sólo separan las formas. El ceceo, el seseo e incluso
la mala follá granaina abundan por estos lares. También el
señoritingo de Jerez y el cerrao del interior. El cateto
andaluz, vamos. Pero todos reúnen una doble virtud: que te hacen sentir
como en casa y que te alegran la vida.
Si Clinton orgasmó sin Mónica al contemplar una bella
puesta de sol de la Alhambra, no te digo nada si cortejas a una moza
con una cena a los pies del Mirador de San Nicolás. ¡Triunfo
asegurado! Así que amigo Santi, sigue amando el norte pero no lo dudes.
Tráete a la basca (o una vasca) de comiditas por Granada y
remata en el sur tu mejor faena, majete.