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| Hipótesis. Tal vez por
eso debamos enviar a los futuros Lopera (a la derecha), Gil
(en el centro) y Gaspart (a la izquierda) a estudiar a Francia.
Porque si desde pequeños fueran de uniforme, no alimentasen
el forofismo y trataran de "usted" a los maestros de negro,
puede que el panorama fuera otro. |
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72.057 son los casos de violencia escolar que se han registrado
en el último año en los colegios franceses. Una cifra maldita que
la izquierda francesa quiere reducir a la mitad en cinco años con
una medida sorprendente: restaurar el uniforme como prenda obligatoria
e imponer el trato de "usted" a los profesores.
Me choca porque sí me imagino de tal guisa a Ruiz Gallardón
pero no a Rodríguez Ibarra. Sin embargo, la progresía gabacha
ha tirado de la ejemplaridad, tradicionalmente conservadora, para
intentar poner un poco de orden.
El mismo orden que necesita con urgencia nuestro fútbol. La muerte
del joven seguidor deportivista Manuel Ríos ha sido el último
de una serie de episodios violentos, cada cual más despreciable.
La brutal pelea -con navajazo a vista de todos- en el campo del
Langreo o las escenas del reportaje Diario de un skin, emitido
por Antena 3 TV hace unas semanas, son sólo dos muestras de lo que
es capaz de hacer el terrorista deportivo.
Sin embargo, esta violencia germina en otros muchos ámbitos. Las
guerras dialécticas -e incluso físicas- entre presidentes de clubes,
su trato de favor con los ultras, la brutalidad de algunas acciones
en el terreno de juego o la dimensión que los medios de comunicación
dan a los acontecimientos (a vida o muerte, ahora o nunca…), radicalizan
incluso al seguidor más pacífico.
Lo que más rabia da es observar cómo en diez años el panorama no
ha cambiado. Que sigue habiendo violencia en los estadios, que las
agresiones y muertes por la golfería radical se multiplican, y que
el frentismo sigue in crescendo.
Por eso el ejemplo francés viene que ni pintado. Porque nuestro
fútbol necesita la firmeza que los dirigentes vecinos buscan en
sus planteamientos educativos. Y la necesitamos tanto en las actitudes
de los protagonistas como en los castigos.
Tal vez por eso debamos enviar a los futuros Lopera, Gil
y Gaspart a estudiar a Francia. También a los periodistas,
a los entrenadores, a los jugadores y a todo el que acude a un campo
de fútbol. Porque si desde pequeños fueran de uniforme, no alimentasen
el forofismo y trataran de "usted" a los maestros de negro, puede
que el panorama fuera otro. Y que las muertes de las que tanto nos
lamentamos hoy, se convirtieran en lo que deben ser: un adorno al
regalo de la vida. |