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Granada, lunes 20 de octubre de 2003

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Ejemplo francés

Hipótesis. Tal vez por eso debamos enviar a los futuros Lopera (a la derecha), Gil (en el centro) y Gaspart (a la izquierda) a estudiar a Francia. Porque si desde pequeños fueran de uniforme, no alimentasen el forofismo y trataran de "usted" a los maestros de negro, puede que el panorama fuera otro.

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72.057 son los casos de violencia escolar que se han registrado en el último año en los colegios franceses. Una cifra maldita que la izquierda francesa quiere reducir a la mitad en cinco años con una medida sorprendente: restaurar el uniforme como prenda obligatoria e imponer el trato de "usted" a los profesores.

Me choca porque sí me imagino de tal guisa a Ruiz Gallardón pero no a Rodríguez Ibarra. Sin embargo, la progresía gabacha ha tirado de la ejemplaridad, tradicionalmente conservadora, para intentar poner un poco de orden.

El mismo orden que necesita con urgencia nuestro fútbol. La muerte del joven seguidor deportivista Manuel Ríos ha sido el último de una serie de episodios violentos, cada cual más despreciable. La brutal pelea -con navajazo a vista de todos- en el campo del Langreo o las escenas del reportaje Diario de un skin, emitido por Antena 3 TV hace unas semanas, son sólo dos muestras de lo que es capaz de hacer el terrorista deportivo.

Sin embargo, esta violencia germina en otros muchos ámbitos. Las guerras dialécticas -e incluso físicas- entre presidentes de clubes, su trato de favor con los ultras, la brutalidad de algunas acciones en el terreno de juego o la dimensión que los medios de comunicación dan a los acontecimientos (a vida o muerte, ahora o nunca…), radicalizan incluso al seguidor más pacífico.

Lo que más rabia da es observar cómo en diez años el panorama no ha cambiado. Que sigue habiendo violencia en los estadios, que las agresiones y muertes por la golfería radical se multiplican, y que el frentismo sigue in crescendo.

Por eso el ejemplo francés viene que ni pintado. Porque nuestro fútbol necesita la firmeza que los dirigentes vecinos buscan en sus planteamientos educativos. Y la necesitamos tanto en las actitudes de los protagonistas como en los castigos.

Tal vez por eso debamos enviar a los futuros Lopera, Gil y Gaspart a estudiar a Francia. También a los periodistas, a los entrenadores, a los jugadores y a todo el que acude a un campo de fútbol. Porque si desde pequeños fueran de uniforme, no alimentasen el forofismo y trataran de "usted" a los maestros de negro, puede que el panorama fuera otro. Y que las muertes de las que tanto nos lamentamos hoy, se convirtieran en lo que deben ser: un adorno al regalo de la vida.

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