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| Fusión. César Alierta
y Jesús de Polanco anunciando el acuerdo para fusionar
Vía Digital y Canal Satélite Digital en enero
de 2003. |
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El apretón de manos de Polanco y Asensio
en la Nochebuena del 96 fue la primera e inesperada puñalada que
recibió el presidente Aznar. Tras ganar las elecciones con
mayoría simple y verse forzado a pactar con los nacionalistas, un
nubarrón mediático se le venía encima. ¿Solución? Contraatacar.
Entre el Pacto de Nochebuena y el nacimiento de Canal Satélite
Digital transcurrieron apenas 38 días. En Moncloa saltaron las alarmas
y sobre la marcha trataron de enconar a la plataforma de Prisa.
Sólo había dos armas de valor al alcance: el decreto-ley (con el
chivo expiatorio del interés general) y el erario público -RTVE,
la recién privatizada Telefónica y las autonómicas-. Así es cómo
nace Vía Digital, el proyecto de la pluralidad y del bien común,
en palabras del gobierno popular.
Se desata entonces una guerra fratricida por los contenidos con
una doble finalidad: conseguirlos a toda costa y, además, en exclusiva.
Esa sucesión de ofertas y contraofertas va encareciendo artificalmente
el producto hasta que la burbuja termina por estallar. Prisa y Telefónica
capitulan y llegamos a la fusión.
Asisto así a un monopolio de hecho en la televisión digital, a la
ligera mutación de CSD en Digital+ (de la que ya me ocuparé en otra
columna) y al incremento de las cuotas de abono, necesarias para
ir limando la presión bancaria que Sogecable carga a sus espaldas.
Es ahora cuando me pregunto dónde está ese bien común, aquel interés
general que Paco Cascos y Aznar erigieron en bandera de su
Gobierno. Porque hoy tenemos el mismo escenario de entonces con
una ligera diferencia: que los costes de su guerra los estamos pagando
los 2,4 millones de abonados a Digital+... Y lo que nos queda. Porque
Polanco mejor panorama no puede tener por delante. Monopolio digital,
vía libre para su Localia, y una sonrisa de oreja a oreja con las
expectativas de negocio que hay depositadas en Sogecable. Como diría
José María García "rin, rin, caja para el emperador". Y todo eso,
con su venia señor Aznar. |