Granada, miércoles 15 de marzo de 2006

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El Skoda y la mochila
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EL SEMÁFORO DE 2005
Milosevic. Su execrable actitud como motor de la Guerra de Bosnia y responsable de un genocidio bárbaro hacen que su adiós no haya despertado tristeza alguna.
La Sexta. Su anuncio de programación es una incógnita. Mucho enlatado, algunos programas promesa y... aún sin informativos. Sin demasiado punch.
J. A. Abellán. Su denuncia sobre la vulnerabilidad del EGM, de la que dejó constancia ante notario en varias ocasiones, era el secreto a voces que nadie o casi nadie se atrevía a decir.
Se cumplen dos años desde la masacre y de las pocas cosas que tengo meridianamente claras es que el 11 de marzo de 2004 murieron 192 personas. Desde entonces, y tras el nubarrón producido por la sucesión de versiones contradictorias, un mar de dudas ha ido sembrando el contenido del sumario que instruye el Juez Juan del Olmo. Para unos, sus diligencias son la panácea; para otros, casi papel mojado tras las últimas revelaciones periodísticas. En todo caso, algo no cuadra, aunque se busque con ahínco que todo cuadre y nada se cuestione.

Dos informaciones publicadas en el diario El Mundo esta última semana han puesto la investigación en un brete. La primera, firmada por Fernando Múgica, abordaba la aparición del Skoda Fabia en Alcalá. Según el diario de Pradillo, "alguien tenía mucho interés en orientar la investigación policial hacia Allekema Lamari, el integrista argelino sobre cuya peligrosidad había alertado el CNI. Tenía tanto interés que probablemente fabricó una prueba falsa para incriminarle: el Skoda Fabia, hallado en Alcalá de Henares tres meses después de la masacre, muy cerca del lugar donde había sido encontrada la furgoneta Kangoo". (Editorial del 9/3/2006).

La segunda, firmada por Casimiro García Abadillo, planteaba la hipótesis de que la "mochila de Vallecas", punto de partida de la investigación el 12-M, nunca llegó a estar en ninguno de los trenes. "El pasado jueves el inspector Miguel Angel Alvarez declaró ante el juez Del Olmo que no podía reconocer que la llamada "mochila de Vallecas" estuviera entre los objetos que aquel terrible 11 de marzo él y sus hombres controlaron y recogieron en el andén de la estación de El Pozo. El policía le dijo al juez que supervisó personalmente lo extraído de aquel tren de la muerte y que sólo recordaba una bolsa que por su peso y características pudiera encajar con lo publicado. En un oportuno golpe de efecto Su Señoría colocó la "mochila de Vallecas" sobre la mesa y el inspector Alvarez negó taxativamente que se tratara del mismo objeto". (Editorial del 13/3/2006).

La reacción a estas dos noticias ha sido una sucesión de desmentidos de la Policía, de la Fiscalía de la Audiencia Nacional, e incluso de diarios como El País o ABC que, en perfecta sintonía con la versión defendida por el Gobierno, han intentado invalidar las hipótesis de pruebas falsificadas que han planteado Pedro J. y compañía.

Los excesos verbales de Rajoy y de miembros del propio Gobierno, como López Garrido o José Blanco, no extrañan; son los habituales de los últimos meses. Sin embargo, esta permanente crispación no debería ensombrecer el trabajo periodístico de los Múgica, García Abadillo o Luis del Pino que, más allá de las disyuntivas pardidistas y electorales, han aportado más luces que sombras con sus informaciones. Su perfil investigador se ha visto corroborado con hechos. Si repasamos sus contribuciones periodísticas en el pasado -desde los GAL en su día hasta el descubrimiento de la llamada "trama asturiana" con la cinta de Cancienes-, podríamos entender por qué muchas personas les dan el beneficio de la duda y no contemplan que estas informaciones, a dos años vista de las elecciones, sean la coartada oportunista para generar un estado de opinión altamente desafecto hacia el Gobierno. O que signifique que no han superado la derrota electoral del 14-M. Con parecidas acusaciones se inició la historia de los GAL, inverosímil en un primer momento, y por parecidos derroteros va la trama del 11-M, que no está tan clara como la pintan algunos; al menos, para seis de cada diez españoles. Por algo será.