Granada, miércoles 22 de marzo de 2006

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Pragmatismo y verdad
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EL SEMÁFORO
SGAE. Es increíble que estos señores pretendan cobrar un canon por la música que se pincha en bodas y otros eventos de carácter público. ¿Hasta dónde van a llegar?
Fernando Martín. Se podía pensar que era la nueva esperanza blanca, pero se ha quedado en un atisbo de eso. Deja mucho que desear su actitud y, sobre todo, su forma de actuar al frente del buque madridista.
Almodóvar. Porque Volver es una nueva demostración de la genialidad del manchego. Una historia sorprendente, con los detalles del gran Pedro y con muestras de madurez definitivas.
Nuestro amigo Míkel sigue ahí. Gracias. Se pasea por el foro de sincolumna y nos regala, de cuando en cuando, voraces y sinceras críticas que nos hacen reflexionar e incluso, en ocasiones, variar el rumbo por el mero hecho de sabernos equivocados.

Pero esta vez no me termina de convencer su discurso. Tampoco el de mi querido Santi, al que admiro y quiero, porque reduce todo un sistema al detalle del micromundo que sí, efectivamente es el que afecta diariamente a una persona, pero que no es el que concibo yo para el ejercicio periodístico comprometido.

Desconfiáis de los políticos, del sistema, de muchas instituciones... y me huele a tufillo anarco, a un "run-run" que, si bien compartido y evocado en la taberna, me resulta cansino. Me suena al sueño de una noche de verano, porque el Estado es necesario y sus imperfecciones son tantas como personas lo componen. Y así será siempre, esté quien esté al frente.

Como pragmático que soy, soñador práctico pues, procuro analizar las cosas a partir de las fuentes que uno tiene a mano. El "pretendido conocimiento" que dice Míkel, o la "ignorancia" que rezuman distintos artículos de sincolumna, no son sino mejunjes de la información que consumimos a diario a través de distintas vías. Un intento y un esfuerzo por enfocar el voraz flujo de conocimiento que tenemos cada día delante de nuestros ojos.

Habéis abierto una reflexión sobre la utópica e inalcanzable verdad y sobre la integridad de un sistema, cuya credibilidad está permanentemente en entredicho. Si todo eso ya lo sabemos...

Yo os animo a dejar el universo de la fantasía y/o del ombligo. Porque uno y otro os movéis en esos espectros. La realidad es la que es y con nuestros granitos de arena, tal vez no removamos conciencias, tal vez no influyamos en absolutamente nada, tal vez no generemos un estado de opinión desafecto hacia esos políticos que no nos representan, bien, vale, pero no por ello debemos caer en la tentación de no hablar, de no exigir y de no mostrar las quejas por todo aquello que es injusto, que está mal y que deben corregir.

Si no controlamos nosotros esas cloacas, ¿quién lo hará? La apatía es el peor síntoma de todos y no me ha gustado esa sensación de abandono, de tirar la toalla, de veros subidos en el púlpito del pasotismo. Me tranquilizaría más un estado de ánimo de irascibilidad, de indignación, de cabreo... Eso explicaría vuestro compromiso con un pensamiento, con un algo... Con la libertad de que gozáis, de que gozamos, y que a veces nosotros mismos lastramos con posicionamientos tan controvertidos como esos.