Granada, miércoles 3 de mayo de 2006

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De macrobotellón municipal
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EL SEMÁFORO
 
Torres Hurtado. Por convertir Granada en la capital del macropedo, por subvencionar el marco de la intoxicación colectiva y por colapsar indirectamente la ciudad fomentando la locura etílica en la calle.
 
Aguirre-Gallardón. Su amor y desamor ya parece de telenovela. ¿Cuándo se darán un beso... en la boca? ¡Nos tienen en ascuas!
 
Andrés Montes. Narrará los partidos de España del Mundial en La Sexta. El genio de la radio deportiva, luego del basket en televisión, cambia de escenario y seguro que lo borda. ¡Su arte es incuestionable!
Granada, lunes 1 de mayo de 2006. Atasco en la circunvalación, salidas cortadas, protestas vecinales, basura a espuertas, policías cobrando horas extras para contener a la masa, hospitales de campaña sin personal suficiente... y al final, ¡milagro! Incidentes casi nulos en el primer día de macrobotellón municipal -porque el Ayuntamiento ha contribuido a su organización-. Las cifras asustan: 35.000 jóvenes reunidos con un motivo muy educativo: hacer corrillo en torno a bolsas de plástico -los más avezados, alrededor de carros de supermercado- y comprobar quién se coge la cogorza más gorda. Ese es el único leiv motiv.

¿Qué joven de hoy no ha estado alguna vez en en botellón? Posiblemente ninguno. O casi ninguno. Ahorrarte el garrafón y el alto coste de las copas en los sitios de moda pueden ser algunas de las motivaciones. Sin embargo, hay un espíritu paralelo, llámese de rebeldía o de simple oposición a lo establecido, que está siendo determinante en el incremento de estas concentraciones. Granada se lleva la palma. Es la capital del macropedo. Y preocupa que el consistorio, con la pretensión de alejar el botellón del centro de la ciudad, haya alimentado a un monstruo que cada vez resulta más caro y más difícil de controlar.

¿Dónde queda la gracia de las reuniones en casas de amigos? ¿Y el atractivo de las barbacoas escasos de ropa? ¿Y las primeras ganas de salir con los amigos para tomar una inocente copa? ¿O para conocer a una tremenda femme fatale? Quizás no todo esté perdido, pero el encanto de conocer el exceso en pequeñas dosis se ha esfumado casi por completo. Hoy todo es masivo, excesivo y ruidoso. Acontece en auténticos niños. Y para colmo, lo subvencionan. Qué pena, penita, pena...