Granada, miércoles 27 de septiembre de 2006

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El tiempo de las cerezas
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EL SEMÁFORO
 
Gabilondo. Más que de periodista, hizo de Juez ante Mariano Rajoy y un portavoz de la Conferencia Episcopal. En ambos casos, además de mostrar su plumero, dejó en evidencia que ha entrado al mismo trapo que sus "enemigos" mediáticos.
 
López Aguilar. El Ministro de Justicia me cae bien, pero cada vez que le oigo en una entrevista, sinceramente, me aburre entre tanta frase hueca y vacía, o inundada de modismos jurídicos. Al final, ¿dice algo?
 
Real Madrid. Buenas noticias. Empieza a funcionar la máquina, aunque habrá que comprobarlo de verdad cuando tenga en frente al Atlético, Sevilla, Valencia y Barcelona.
Ya estoy aquí. Tras varios meses de ausencia y de cambiar de estado civil, recojo el guante lanzado por mi colega Nacho y abro la temporada con el análisis de una novedad discográfica: El tiempo de las cerezas, el fruto de la unión de dos músicos muy diferentes, como son Enrique Bunbury y Nacho Vegas.

¿Se habrán juntado el hambre y las ganas de comer? En teoría sí. De los comerciales, el músico más independiente; y de los independientes, el más comercial. De ese encuentro ha resultado un doble disco de muchas lecturas, rico en matices pero algo enmarañado, lo que despistará, casi con toda seguridad, a un nutrido grupo de seguidores de uno y otro músico. Sencillamente, porque ambos se alejan notablemente de su terreno habitual para propiciar El tiempo de las cerezas.

Bien es cierto que Bunbury firma algunas piezas meritorias. Ahora es grande, No fue bueno, pero fue lo mejor, de lo mejorcito y "Puta desagradecida", toda una licencia que sólo artistas de su talla se pueden permitir, tal y como aseveró Diego A. Manrique en "Disco grande": "Una de las ventajas de llamarse Enrique Bunbury es que uno puede escribir una canción sobre el final de una relación con una persona y publicarla en una multinacional bajo el título de Puta desagradecida" . Se admiten apuestas acerca de la mujer artista a la que va dedicada esta canción. Lo decía esta semana Bunbury en los encuentros de elmundo.es, aunque no desvelaba el nombre... ¿Su ex-mujer? ¿Eva Amaral? Hagan juego, señores. Bunbury también es capaz de facturar desastres como Welcome to el callejón sin salida, canción que rescata el texto de una demo de su álbum "Flamingos" (2002), titulada "El día anterior".

Nacho Vegas mantiene su habitual rictus. Lo escuchamos serio, reflexivo y monocorde en cortes como La pena y la nada o Por la paz y la canción, algo que rompe con mesura y brillantez en Secretos y mentiras, uno de los momentos más álgidos del asturiano. Mención aparte merece Serie Negra, en la que consigue crear una atmósfera perfecta para que el oyente consiga recrear la historia que cuenta en ella.

La única composición a dos bandas, Látex, deja abierto un interrogante seguramente imposible de despejar: ¿qué hubiera pasado si los dos artistas se hubieran mezclado de verdad, tal y como hacen en esta canción? Es la pieza más roquera, seguramente la que más se aleja del concepto global del álbum, pero también la más directa y, a buen seguro, su mejor embajadora. No merece una mala calificación este álbum a medias de Bunbury & Vegas, como se hacen llamar, pero ya se sabe, las licencias de artistas consagrados y sus caprichos en forma de disco siempre tienen un "pero": ése mismo, el capricho.