10 de marzo de 2008
El triunfo del radicalismo

Ayer se consumó lo inesperado. Que Zapatero aglutinara los votos de la masa radical nacionalista de la que ha estado sacando tajada estos últimos cuatro años. País Vasco y Cataluña han sido los bastiones para la victoria socialista que, paradójicamente, ha contado con apenas 25.000 votos más que en 2004. Un avance exiguo, pero suficiente.


En la otra acera, Mariano Rajoy ha fracasado en su asalto a la Moncloa. Sin embargo, ha cosechado el segundo mejor resultado del PP en su historia y ha sumado casi 400.000 nuevos votos, reforzando su base y arrancando posiciones hacia el centro político.


Las promesas de diálogo y de pactismo que ha hecho públicas Zapatero habrá que verlas con el paso del tiempo. Huelen a humo fugaz. Es lo que se puede esperar de un presidente sin proyecto, que ha gobernado sin ideas y que hasta ahora apenas se ha rodeado de ineptos, oportunistas y políticos malos de solemnidad. Ya ha adelantado el contacto preferente con quienes ha tratado en la última legislatura, o sea que barrunto más de lo mismo. O peor.


El pronóstico aventurado

Son las 18 horas. Casualmente, las Comunidades Autónomas donde gobierna el PP tienen repuntes de participación por encima de la media nacional. Donde gobierna el PSOE, retrocesos significativos… ¿Conclusión a la que llego? Vislumbro una mayoría más amplia de la que podíamos imaginar y de la que barruntaban las encuestas. Lo difícil es mojarse y aventurar quién se va llevar el gato al agua… Pero también sabemos quién tiene más que ganar y quién tiene más que perder.


Si establezco la ecuación más difícil, me atrevería a decir que el PP está a las puertas de ganar las elecciones. Soy tan optimista como Zapatero. Simplemente cruzando las imágenes del viernes en Mondragón con las de Mariano Rajoy preguntándole a Zapatero en el primer debate, a qué Zapatero debía creer, resuelvo el enigma de inmediato. La propaganda tiene un límite: la de los hechos objetivos. Y objetivo es que Patxi López –cuyo comportamiento en el velatorio del socialista asesinado fue simplemente infame- se sentó con Otegi, hombre de paz. Que Zapatero autorizó, con el respaldo del Parlamento a excepción del PP, contactos con ETA para iniciar un proceso de negociación política. Que Zapatero mintió a raíz del atentado de la T-4 a todos los españoles. Que aun con el muerto caliente encima de la mesa, la izquierda y los nacionalismos han sido incapaces de replantear el discurso pro-negociación que, en virtud de la resolución parlamentaria aprobada tiempo atrás, hoy sigue vigente. Y que ETA sigue matando. Que Zapatero ha fracasado de forma flagrante en su objetivo de acabar con el terrorismo y que, además, lo ha hecho liderando un proceso fallido. Que, en definitiva, esa soberbia e incapacidad de reconocer errores que lastró al mejor presidente del Gobierno de la democracia, que sin duda ha sido José María Aznar, han calado con fuerza ya en el hasta ahora inquilino de la Moncloa. Bueno, y si vamos al ámbito de la economía, pues eso… que estamos en una recesión mundial. O sea, mal de muchos, consuelo de Zapatero. Que aquí no pasa nada, oiga… De momento.


La realidad de los datos: Triunfa Zapatero, fracasa Rajoy

Sin embargo, a las 00.36 horas retomo el análisis y el resultado da una significativa mayoría a los socialistas y mi pronóstico es fallido; aunque sólo en la parte fundamental. Gana Zapatero, gana el PSOE, pero se confirma el avance del PP que apuntaba a las 18 horas. Murcia, Valencia, Madrid o Castilla-León se han consolidado como grandes caladeros de votos populares. Un ascenso que no ha sido suficiente. Andalucía, pese al ligero incremento del PP, y sobre todo País Vasco y Cataluña, son las grandes asignaturas pendientes de un partido que ha crecido más que ningún otro en porcentaje de voto y en escaños. Rajoy ha cumplido dignamente, pero ha fracasado. Es la segunda vez que sucumbe en su intento de conquistar la Moncloa y, parece lógico, que llegue un proceso de sucesión.

Esa renovación no debería tardar mucho, porque el aire fresco vendrá bien en todos los sentidos. Mariano ha hecho un gran trabajo en una coyuntura extraordinariamente difícil. Hablo en términos de partido. Cogió a un PP desmoronado hace cuatro años, absolutamente abatido tras el 14-M, y ha conseguido fortalecerlo merced al respaldo de más de 10 millones de votos y del 40% de los sufragios. Sin embargo, deja un delicado agujero: Cataluña. Sólo cuando el PP consiga reconciliarse con su potencial electorado catalán, o cuando el nacionalismo vuelva por sus fueros, estará en disposición de volver a ganar unas elecciones. Eso le obliga, sin bajar la guardia en sus valores y principios, a mostrarse más moderado. Por lo menos mientras la ley D’Hont siga dando protagonismo a partidos que sólo representan reductos y minorías que, en ocasiones, no han sido sino estorbos para la feliz travesía de España.


Esperanza, Gallardón o…

El relevo está en el horizonte y no faltarán auto-candidatos para asaltar el puesto de Mariano. Es evidente que de esa lista de nombres que todos barajamos, hay dos que salen en todas las quinielas: Esperanza y Gallardón. Si el PP busca esperanza en ganar en el futuro, le vendría de perlas un retorno ahora imposible: el de Rodrigo Rato. Por eso, y con el Congreso de verano en ciernes, bien haría el PP en reflexionar y dar un giro hacia un candidato de peso en el partido y que pueda liderar un proyecto ilusionante. Hoy por hoy, sólo se me ocurren esos dos nombres: Esperanza y Gallardón. La primera parece estar mejor posicionada después del k.o. recibido por Gallardón en su intento de sumarse a las listas de Madrid para el Congreso… y sus resultados en la Comunidad de Madrid son del todo espectaculares. Todo se andará. El camino será largo y no estará exento de curvas. Ni tampoco de sorpresas como la de candidaturas en la sombra que podrían encabezar nuevos valores del partido… Lo veremos.


Un PSOE que aglutina votos radicales

Las urnas han desplazado voto radical (de Esquerra e Izquierda Unida, fundamentalmente) hacia un PSOE que durante esta legislatura ha jugado con un discurso ambiguo, en el que combinaba cesión y freno en las aspiraciones de estos pequeños partidos. Basta con escuchar a Anasagasti: “Con Aznar en un año conseguimos mucho más que con Zapatero en cuatro”. En ese arriesgado juego, la utilidad del voto en la izquierda ha beneficiado a un PSOE que, en todo caso, cosecha una amarga victoria. Porque amargo será negociar con su oposición en Cataluña para dirigir los destinos de España… Si no, que se lo pregunten a Montilla, que ya tiene un primer muerto sobre la mesa: la de Puigcercós.

Feliz por Rosa Díez

Me alegro por el escaño de Rosa Díez, que ha dado una batalla encomiable. Ya lo hizo en su día estando en el dificilísimo País Vasco y ahora seguro que aportará la sensatez y claridad de ideas que va a necesitar este nuevo Congreso altísimamente polarizado. Nuevamente la Ley D’Hont priva a una opción política votada significativamente de tener una mayor representación en el Parlamento.


Chaves o más de lo mismo

Lo inexplicable se vuelve a repetir una vez más. Arenas pierde por tercera vez y Chaves revalida mayoría absoluta. Andalucía sigue ajena a la realidad o acomodada en las zonas rurales a lo que por todos es conocido. La vergüenza torera no existe en este presidente del clientelismo, de la desinformación y de la manipulación. Y, por supuesto, los andaluces tienen lo que se merecen. Más de lo mismo.


… Y las razones para la preocupación


- España no está en crisis. Eso dice Zapatero. Todo es fruto de una recesión mundial y de factores externos (petróleo, materias primas…). Somos los mejores y crecemos más que nadie, pero se pierde empleo, tenemos menos poder adquisitivo, baja el crecimiento y el futuro no es muy alentador. Pero no pasa nada

- Fallida política antiterrorista. Zapatero sigue jugando al ratón y al gato. Declara firmeza pero no retira la moción para negociar que aprobó el Congreso en la pasada legislatura. ETA sigue matando.

- La Justicia no funciona. ¿O es funcionar que se tomen decisiones en función del clima político? ¿O que se cierren en falso casos como el del mayor atentado ocurrido en España en la historia reciente? (Recordemos que el Gobierno a través de la Fiscalía no consiguió ni siquiera meter en la cárcel a los que presentó como ideólogos de la matanza y que, inexplicablemente, no se ha llegado a saber qué explotó en aquellos trenes).

- Nefasta política exterior. España juega un papel irrelevante en el contexto internacional y no cuenta con la simpatía de los principales líderes mundiales. Sí nos rodeamos de la peor calaña sudamericana, a la que reímos gracias que en muchos casos suponen flagrantes violaciones de libertades democráticas e incluso de derechos humanos.

- Una España dividida. Aunque el resultado fortalece a los dos grandes partidos, es evidente la división y el frentismo político que hemos tenido y que probablemente continuará. ¿Que llega la hora de los consensos? Ojalá, porque el Zapatero del Tinell –ese pacto cuya existencia desconocía Zapatero y que sin embargo contenía su Libro Blanco-, bien debería abonar el camino para los próximos cuatro años. ¿Llamará Zapatero a Rajoy o a su sucesor para fijar el camino de España? La respuesta es muy sencilla: No. ¿Seguirá Zapatero dando cuerda a los nacionalistas en su juego macabro? Seguro. Nada le ha dado más rédito electoral.

- En la cola educativa de Europa. El futuro de España está en juego aquí y, aunque Zapatero defienda que todo marcha bien, basta con ver la morralla que está saliendo de las escuelas y los índices de calidad de nuestra enseñanza. Somos líderes en permisividad y todo apunta a que seguiremos por los mismos derroteros. Se pasará de curso con cuatro o con las que sean. En España todo vale.

- Sometidos a la propaganda socialista. Como en la mejor época de González, los medios afines a la derecha se han convertido en una auténtica anécdota. La televisión, como demuestran los movimientos de Zapatero en esta pasada legislatura, es un claro ejemplo de cómo el PSOE ha llevado esta batalla a su terreno y ha conseguido que el 80% de la audiencia televisiva reciba un mensaje netamente progresista. ¿O qué son si no Televisión Española, Cuatro, Telecinco y La Sexta? La isla ambigua se llama Antena 3 TV.

- Y de paso, los artistas. ¡Vaya panda de caraduras estos de la plataforma zapateril! Vaya engaño masivo el que nos han proporcionado, vaya socialismo de VISA Oro y de alcantarilla el que han defendido los creadores de incultura a cuenta del canon digital. Porque es lamentable que entre todos subvencionemos las arcas de unos señores que, por aquello de la piratería individual y de la crisis en su sector, han visto menguar sus ingresos. ¿Cómo es posible semejante barbaridad? Esto sería equivalente a que nos impusieran un canon a todos los españoles porque todo hijo de vecino ve la tele de pago sin pagar, merced al pirateo. O que como han subido mucho las materias primas y las empresas afectadas pierden dinero, todos los españoles sufragáramos las pérdidas reflejadas en su balance. Tendría bemoles, pero el espíritu zapateril es así de agudo y ocurrente. Y solidario. Siempre pensando en los que menos tienen: Víctor Manuel, Ana Belén, Sabina… En fin, los pobrecitos habituales.

- Y finalmente… ese equipo mediocre. O en otras palabras, las mujeres y hombres que nos gobiernan, los que aún están –muchos de los cuales seguirán- han demostrado ser de una mediocridad galopante. Repasemos nombres: Desde Zapatero, pasando por el lamentable Bermejo, la incompetente Magdalena Álvarez, el bochornoso Jesús Caldera, el de inflado currículum Bernat Soria o dos de los más vergonzosos gobernantes que ha podido conocer este país: el manipulador Alfredo Pérez-Rubalcaba y el camarilla pseudo-catalán José Montilla. Todos adolecen del brillo necesario y de la altura política que exigen sus cargos. Pero ahí los tenemos, a falta de que salten al son del “chiki-chiki”, su nuevo himno generacional.

Siempre se dice que tenemos lo que nos merecemos. Y así es. Entre untados, ineptos y radicales, seguiremos gobernados los próximos cuatro años. Crucemos los dedos para salir del bache sin retroceder a los desastres de comienzos de los 90. El futuro, si nos atenemos a la experiencia, no es demasiado alentador. Con lo fácil que sería aplicar la sensatez que han dictado las urnas y que no veremos…


Jorge Oliva
Periodista