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Me deja un cuerpo raro la última obra de M. Night Shyamalan.
El autor de El sexto sentido y El protegido –para quien esto
escribe, su mejor filme de largo– profundiza en dos líneas
de las que ya avisaban El bosque y La joven del agua: una, la de
la fábula política y moral; y, otra, la del esquematismo
argumental, por no decir la anorexia narrativa. A ver si logro explicarme:
parece que las últimas creaciones de Shyamalan valen más
por su riesgo e intención que por sus modales fílmicos,
rebajados a una esencia tan mínima que a veces rozan lo paródico.
El arranque de El incidente no puede ser más impactante.
De pronto, en mitad del Central Park neoyorquino, la gente empieza
a suicidarse. Enseguida se desata la psicosis estadounidense sobre
un ataque terrorista, aunque esta vez los sucesos respondan a una
venganza que la madre naturaleza se toma contra la especie que la
está agrediendo sin piedad. La propagación del mal
suicida obliga al trío protagonista –un matrimonio
en crisis y una niña– a un éxodo en el que se
van encontrando con gente bastante extraña que no hace más
que aumentar su confusión.
Una confusión que, por cierto, se le contagia pronto al
espectador. Casi todo resulta desconcertante en el relato, sobre
todo la construcción de unos personajes impertérritos
que se comportan de una forma poco humana y que, además,
sueltan unas perlas verbales que a mí me resultan grotescas.
Los diálogos, artificiosos y rimbombantes, desactivan buena
parte de la verosimilitud de El incidente, si bien no parece que
eso le importe demasiado a su autor.
De hecho Shyamalan subraya un aroma a serie B en su película
que también le otorga cierto encanto. La atmósfera
casi freak y la excentricidad de algunos pasajes se llevan a la
pantalla con un sentido visual que seduce la mirada porque el realizador
sabe muy bien qué hacer con la cámara. Por eso estoy
dispuesto a atenuar mi juicio y a pasar por alto la ingenua y pesada
apología del amor redentor del desenlace y otros grosores
de un filme que conviene no tomarse demasiado en serio.
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