| Sincolumna cumple 200 ediciones, se dice pronto.
Y me da por echar la vista atrás y el ratón al “columnas
anteriores” y descubro que ya he publicado 35, 36 con ésta,
y la número 37 será la de vuelta de vacaciones, justo
cuando cumpla un añito aquí y siga pensando igual
que el primer día: que es para mí un honor participar
en un invento tan bonito, tan necesario y tan chulo; que no soy
digna, soy un gusano; que trataré de hacerlo lo mejor posible.
Y claro, en una semana tan importante debería esforzarme
y escribir algo especial. Podría hablar sobre aniversarios
y efemérides, contar que este año se cumplen 200 del
nacimiento del romanticismo español de la mano de José
de Espronceda, centenario que se ha visto empañado
por el del levantamiento del pueblo español contra los franceses
tal que un dos de mayo, que tan buena y tan mala literatura nos
está dejando. El doble, 400, son los años que cumpliría
el que muchos consideran como mejor poeta épico inglés
de todos los tiempos gracias a su ‘Paraíso perdido’,
John Milton, y la mitad, 100, tendría el
símbolo del feminismo literario francés, Simone
de Beauvoir.
También podría hablar de la cantidad de números
a los que los escritores han echado mano para los títulos,
de superventas como ‘El Ocho’ a cómics triunfadores
como ‘300’. Haciendo una búsqueda rápida
con las diez primeras cifras, obviamente el triunfador es el “uno”,
pero hace trampas por su condición de artículo además
de cardinal. Le siguen el “dos” y el “tres”,
con más de cien libros cada uno. Lejos queda el “cuatro”,
con sólo 38 ejemplares, y remonta bastante el “cinco”,
con 66, quizá gracias a Enid Blyton. Sólo
24 tiene el “seis”, 55 el cabalístico “siete”,
tristes 13 el mundialmente famoso “ocho”, cinco más
para el “nueve” y, como era de esperar, los decálogos
superan el centenar, mientras que el pobre “cero” se
queda en 22 a pesar del juego que da en temperaturas, latitudes,
horas y todas esas magnitudes tan bestselleras.
Otra idea sería hacer alguna recomendación para el
verano, una lista de libros, un par de sugerencias, pero el consejo
más útil es simple: leed. Del folleto del súper
a la etiqueta de la crema solar, de los graffitis de las paredes
a los mensajes de las camisetas, de las revistas del corazón
a una guía de viajes, de ese gran clásico en dos tomos
al que nunca tenemos tiempo de hincar el diente a un desenfadado
y playero librito de humor. Lo que sea con tal de evitar que el
sol seque el cerebro.
Pero después de darle vueltas durante un rato el calor y
las celebraciones eurocopeísticas han hecho mella en mi neurona
y no se me ocurre nada demasiado original, así que recurriremos
a los tópicos que nunca fallan: feliz 200, Sincolumna, y
felices vacaciones a todos, nos vemos a la vuelta.
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