30 de junio de 2008
200, ni más ni menos

Otra vez empiezo la columna disculpándome. Faltaría más. Llevaba sin pasarme por las líneas de Sincolumna desde mediados de marzo y, aunque en aquella ocasión también pedía disculpas, poco o nada ha cambiado en este tiempo. A lo mejor es absurdo ponerme a explicar todas las cosas por las que he pasado en lo últimos meses y que me han cambiado la vida, el ánimo y la razón. Quizás es demasiado desnudarse y a fin de cuentas los más cercanos ya lo saben. Así que hoy me he levantado de la cama, le he echado un ojo a la portada de Sincolumna y he caído en la cuenta de que estamos a punto de cumplir 200 números, ni más ni menos. 200 números, 200 semanas actualizando este sacrosanto site de internet donde las opiniones vuelan, el arte se escurre entre líneas y los amigos siempre están presentes. Al caer en la cuenta de lo que significan 200 números de una publicación en internet, sin ningún tipo de financiación y altruista del todo, también me he dado cuenta de que era hora de volver. Y aquí estoy, espero que, salvo fuerza mayor, para quedarme, siempre que mis compañeros me comprendan. Pues eso, que he vuelto y he vuelto para quedarme.

Vuelvo porque lo necesito, porque las cosas que aquí plasmo me ayudan a vivir y porque a lo mejor a ti también te hacen sentir vivo. La música es la coartada, la felicidad es lo importante. Y aquí he sido feliz, semana a semana, actualizando, recuperando recuerdos de conciertos perdidos, encarándome con la sgae y arremetiendo contra todo aquello que no me gusta, elevando a los altares a mis artistas favoritos y mandando al infierno a quienes me provocan sarpullidos, he sido feliz sabiendo que me leías, que esperabas cada lunes mi estúpida columna cargada de categorizaciones que la mayoría de las veces ni siquiera compartes. Aún así estás ahí y por eso vuelvo, porque te quiero Sincolumna.

A Emilo J.B., el volatinero del corazón; Gorka, el señor de las anécdotas; David, el escritor de la post modernidad; Paula, con la música en el corazón; Michi, entre las butacas; Rosa y su pasión por el negro sobre blanco; Jaime, y sus clases de felicidad; y Mon, alegrándonos el lunes a golpe de pincel. A todos vosotros felicidades por los 200. Como a todos los que han pasado antes y ya no escriben por aquí pero sin los cuales habría sido imposible echar esto a andar: Manolo, el musicólogo; los tres genios de aquel consultorio sentisexual (Chema, Belén y Virginia); Blanca y Esteban, con sus piques futboleros; David Cacho, el hombre del micro en mano; Imelda fotografiando momentos… gracias a todos y enhorabuena.

El último párrafo, cómo no, para los cerebros de este invento: Santi, columnista de pro y superhéroe enmascarado; Héctor, que puso esto en pie con esa ilusión que a nadie deja indiferente; Jorge, contrapunto musical y amigo en la comunicación; y, por supuesto, Víctor, el jefe invisible del que siempre hablo, gracias por la paciencia y la comprensión, por tus resúmenes de la vida, por tu estilo, por colgarme al minuto mis actualizaciones desde Benicàssim, por estar pendiente de mí y, sobre todo, por invitarme aquella tarde a formar parte de esta gran familia que es Sincolumna. Víctor, puedes sentirte orgulloso porque el niño se hace grande y yo estoy contigo allá donde vayas y emprendas lo que emprendas.

Y gracias a los lectores, mil gracias porque esto os lo debemos a vosotros que aguantáis nuestras neuras y nuestros despistes. Aquí me quedo… para siempre. En vuestro corazón de columnistas.



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apagaeseruido (arroba) gmail.com


Nacho Serrano
Periodista

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Cuaderno de escuchas