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Los pioneros del perreo que el olvido no pudo con ellos: el reggaetón vuelve a sus raíces

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Los pioneros del perreo que el olvido no pudo con ellos: el reggaetón vuelve a sus raíces

Photo: reggaeton artist vintage 2000s latin music concert stage, via cdnb.artstation.com

Abre TikTok cualquier tarde y tarde o temprano vas a topar con algo que no esperabas: un clip de Héctor El Father sonando sobre un montaje nostálgico, miles de comentarios de veinteañeros preguntando quién es ese señor y por qué nadie les habló de él antes. O una canción de Voltio que de repente tiene millones de reproducciones nuevas en Spotify sin que nadie entienda muy bien cómo llegó ahí.

Esto no es un accidente. Es el algoritmo devolviéndonos lo que la industria musical decidió enterrar.

Antes del boom, hubo gente que sangró por el género

Para entender el resurgimiento hay que entender primero el entierro.

El reggaetón de los noventa y principios de los 2000 era música de resistencia. Nació en los bloques de Puerto Rico, se nutrió del dancehall jamaicano, del hip-hop afroamericano y de la energía sin filtros de una juventud que no se veía representada en ningún otro lado. Artistas como Daddy Yankee, Don Omar y Tego Calderón lo llevaron a otro nivel, sí, pero hubo docenas de nombres que pusieron los cimientos antes de que hubiera contratos millonarios de por medio.

Nombres como Mexicano 777, Baby Ranks, Lito & Polaco, Ñejo y Dalmata, Arcángel en su etapa más cruda. Gente que grababa en estudios improvisados, que vendía sus mixtapes en físico, que construyó una audiencia fiel sin ningún apoyo de los sellos grandes.

Cuando el género explotó comercialmente y se volvió presentable para el mercado mainstream, muchos de estos artistas quedaron fuera del reparto. No eran suficientemente pulidos, no encajaban con la imagen que las discográficas querían proyectar, o simplemente no tuvieron la suerte o los contactos correctos en el momento exacto.

La nostalgia como motor cultural

Hay algo que las plataformas de streaming han demostrado con datos duros: la nostalgia vende, y mucho.

Pero lo interesante no es que la gente que vivió esa época la esté redescubriendo. Lo realmente llamativo es que quienes más están impulsando este resurgimiento son personas que en los años dorados del underground reggaetonero tenían cinco años o no habían nacido todavía.

¿Por qué una persona de diecinueve años en España o en México se engancha con una canción de Jowell & Randy del 2005? Parte de la respuesta está en la autenticidad. En un panorama musical donde el reggaetón contemporáneo suena cada vez más homogéneo, más procesado, más diseñado por comités de marketing, la rugosidad de aquellas producciones resulta refrescante. Hay algo en esas percusiones más directas, en esas letras sin tanto eufemismo, en esa energía sin pulir, que conecta con una generación harta de lo perfectamente manufacturado.

Otra parte de la respuesta es TikTok, claro.

El algoritmo como curador inesperado

Nadie diseñó TikTok para rescatar carreras olvidadas, pero eso es exactamente lo que está haciendo.

La mecánica es simple pero poderosa: alguien sube un video usando una canción vieja, ese video se viraliza, el sonido empieza a circular, y de repente una canción que llevaba quince años dormida en Spotify tiene cincuenta mil reproducciones nuevas en una semana. Los artistas que están vivos y activos lo notan, abren sus propias cuentas, empiezan a interactuar con fans que ni sabían que tenían, y el ciclo se retroalimenta.

Casey Veggies, un productor de contenido muy seguido en la comunidad latina de TikTok, lo resume bien: "Las canciones buenas no caducan, solo esperan que alguien las encuentre de nuevo."

Esto ha tenido consecuencias concretas y verificables. Héctor El Father, que prácticamente había desaparecido de la escena pública, anunció nuevo material después de años de silencio impulsado en parte por la atención que sus temas clásicos empezaron a recibir en redes. Arcángel, que nunca se fue del todo pero había perdido relevancia frente a la nueva guardia, vio cómo sus colaboraciones viejas con De La Ghetto volvían a circular masivamente y aprovechó para relanzarse con energía renovada.

El reencuentro en vivo: cuando la nostalgia se vuelve presente

Otro fenómeno que está ocurriendo en paralelo son los conciertos y festivales que apuestan por la estética del reggaetón clásico.

En España, varios promotores han organizado noches temáticas con el nombre de "Reggaetón Old School" que agotan entradas en horas. En México, Colombia y Argentina pasa lo mismo. La gente no solo quiere escuchar las canciones: quiere vivirlas en comunidad, recrear algo que siente que se perdió o que nunca pudo experimentar en su momento.

Y los artistas que aparecen en esos carteles —los que quedaron fuera del mainstream hace dos décadas— de repente tienen una segunda oportunidad real. No como curiosidades del pasado sino como actos con demanda genuina.

¿Qué dice esto del reggaetón de hoy?

El resurgimiento de los pioneros no es solo un ejercicio de nostalgia bonita. También es una crítica implícita al estado actual del género.

El reggaetón de 2024 es un producto global pulido hasta el extremo. Bad Bunny, Karol G, Rauw Alejandro —todos artistas con talento real— operan en una escala y con una maquinaria que hace que su música suene a producto de exportación más que a expresión de barrio. No hay nada malo en eso, pero crea un vacío.

Ese vacío es exactamente el espacio que están llenando los artistas que vuelven. Porque cuando escuchas a Mexicano 777 rapear sobre la vida en el bloque con esa cadencia específica, o cuando suena un riddim de principios de los 2000 sin los mil efectos de producción actuales, hay algo que resuena de manera diferente. Más honesta, quizás. Más directa.

La segunda vida que nadie les prometió

Lo más hermoso de todo esto es que nadie lo planeó.

No hubo una campaña de relanzamiento orquestada por una discográfica. No hubo una decisión editorial de ninguna plataforma. Fue la gente —sobre todo gente joven— la que decidió que estas voces merecían seguir siendo escuchadas.

Y eso dice algo importante sobre cómo funciona la cultura popular cuando las barreras de distribución se rompen. El poder de decidir qué merece sobrevivir ya no está exclusivamente en manos de los sellos ni de los programadores de radio. Está repartido entre millones de personas que comparten, que crean contenido, que le dan play a una canción a las dos de la mañana porque algo en ella les llegó.

Los pioneros del reggaetón construyeron algo con nada. El olvido intentó borrarlo. Y resulta que ni el olvido pudo.

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